<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384</id><updated>2012-02-16T02:14:19.169-08:00</updated><title type='text'>libresdelibro</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>9</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-5882001095593516223</id><published>2011-08-11T10:09:00.000-07:00</published><updated>2011-08-11T10:09:35.749-07:00</updated><title type='text'>El hombre del panamá</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-nbClExUJtYk/TkQJxzgvccI/AAAAAAAAA5E/umKXygV5PGY/s1600/puerto.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="300" naa="true" src="http://2.bp.blogspot.com/-nbClExUJtYk/TkQJxzgvccI/AAAAAAAAA5E/umKXygV5PGY/s400/puerto.jpg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Para Daniel Negro&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando descubrió en esa mesa a quien llamaría el hombre del panamá, estaba bajo la sombra de la galería, jugando un solitario. Como si tuviera por delante todo el tiempo del mundo. Se le ocurrió que ya la había visto antes, pero solo pudo ser en alguna película. Con ese traje de hilo crudo y el sombrero de panamá, se había escapado de una cinta de Hollywood, con fronteras, fugados del mundo y amores contrariados bajo un sol de fuego y selva. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bien. Ahí estaba también él. En la frontera, bajo un sol de fuego, la selva por todas partes y sin tener siquiera el consuelo de un amor perdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Estamos jodidos, Negrito. Vamos a ver cómo salís de esta sin perder el culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se había sentado bajo un árbol que su madre llamaría “gomero”, pero ya fuera alguien a saber cómo se llamaba en allí, donde todo era distinto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía hambre, y nada que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros días el calor y la humedad, que traspasaban todo, le habían traído a la memoria unos cuentos de Horacio Quiroga, con destiladores de alcohol de naranjas y rabiosos bebedores de combustible para lámparas. Pero de eso se iba a olvidar pronto, tanto como de prestarle atención a ese tipo, que siempre se veía fresco, impecable y siempre con su vaso de bebida a medio llenar y su traje de hilo crudo. Tal vez fue un eco de la rabia que llevaba a cuestas, y que lo obligaba a “clasear” a todos los que se le cruzaban, lo que relegó al hombre del panamá a un segundo plano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta el día en que el cantinero lo miró con lástima, como si ya lo viera comido por las hormigas, y le dijo que no tenía trabajo para darle; pero que, si se acercaba por la puerta de la cocina, tarde en la noche, algo habría sobrado para componer un plato de comida. También que podría seguir durmiendo donde siempre, si por la noche se ocupaba de vigilar que no le robaran nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el hombre del traje de hilo seguía allí, como siempre, pegado a sus inagotables vasos de wisky. De tanto en tanto desaparecía por unas horas, con una seña al patrón de la cantina, y volvía a aparecer más tarde, para sumergirse otra vez en interminables solitarios con un mazo de barajas españolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el cantinero lo miró como si ya fuera comida de hormigas el Negro supo que estaba al final del camino. Que estaba “hasta las pelotas”. Pero no dijo nada, porque ya poco quedaba por decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó el bar, hotel, comedor y hasta agencia de viajes y contratación de braseros, para caminar sin prisas y sin ganas hasta la lomada desde donde se veía el puerto. Un puertito de mierda, donde las canoas parecían talladas en el barro, y hasta el aire olía a podredumbre de selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volver hasta ese altozano ya era el signo mismo de la derrota. Por ahí había llegado, y ya no tenía dinero para hacer el camino de vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Algunos lo llaman Paramariño, y otros La Chinguera. ¿A quién le importa? Claro que a nadie. Te lo digo a vosé para que sepás de qué te falan, y no des pie para que te roben, o algo más peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y a mí qué me van a robar? ¿Sos loco vos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Siempre hay algo pra robar, el tarado es vosé, argentino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Bahiano le caía bien, aunque más de una vez se pasaba de cuerda, especialmente cuando juraba que no había en el mundo nada mejor que ser bahiano. Era cuando el Negro, aunque presentía que tal vez tenía razón, contraatacaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, seguro… Son tan pesados como los argentinos: muy buenos para rellenar ciénagas…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el Bahiano reía con carcajadas de grandes dientes que nada podría nunca romper, desgastar o siquiera opacar en su blancura, y proclamaba en su “portuñol” básico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vosé nau quiere a nadie, argentino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mucho había de cierto. Si se lo preguntaba seriamente tenía que aceptarlo. En los últimos tiempos no tenía muchas razones para querer a nadie. Y si le pedían que hiciera una lista de no queridos, el primero, sin competencias, sería aquel “que sabía” y le indicó el camino hacia la seguridad. El viaje que lo había traído a ese último culo del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro bajó la lomada y caminó por la calle que atravesaba Parmariño o La Chinguera, o Culo del Mundo, y llevaba a la ruta. Esa ruta que cruzaba la frontera. Cuando se podía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A uno y otro lado de la calle, sin otra cosa que hacer más que mirar quien iba o quien venía, una mezcla de indios y mulatos esperaba que se abriera la frontera; los contrabandistas menores que se ganaban la vida pasando bultos por encargo. Hasta que la cosa cambiara se limitaban a moverse lo mínimo siguiendo un trozo de sombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Putos brasileños –murmuró- Si escupo al aire alguno se pondrá a la sombra de la escupida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó empecinado bajo un sol de muerte, hasta el recodo que se sabía de memoria. A un paso de la frontera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada indicaba que allí un país se hiciera otro, pero todo el mundo sabía, y nada había cambiado en los últimos días. De este lado Brasil, del otro una multitud de soldados venezolanos haciendo maniobras militares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada, nada indicaba que los milicos tuvieran intención de retirarse de allí en los próximos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Bahiano había estado sensato. Cuando habían pasado siete u ocho días sin que la cosa cambiara, invirtió sus últimos dineros y subió al barco de regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué había venido el Bahiano a la frontera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buen momento para hacerse la pregunta. O nunca lo dijo o no lo recordaba, que al fin de cuentas era lo mismo. Tendría que habérselo preguntado en el barco en que habían remontado el río, cuando supo que el otro también iba con intención de cruzar la frontera, camino de Venezuela, como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el Bahiano era escurridizo a la hora de contar cosas personales. Se hacía el sordo, o abría la boca como para comerse el sol y soltaba una de sus risas largas, hechas para aturdir el silencio, y sobre todo las preguntas. Así las cosas, empataron en un acuerdo tácito, y él no necesitó mentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían subido al barco en Manaos. El Negro no tenía mucha experiencia en barcos, pero al verlo pensó que llamarlo barco le quedaba grande. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía nombre de santa, para que lo protegiera de todos los males, y un casco bajo de madera pintada de colorines. Arriba, en un cajón oblongo con ventanas minúsculas, estaban los camarotes para quienes podían pagarlos. El resto de la cubierta protegía del sol a los que iban con boleto de pobre con una sucesión de toldos y lonas que aleteaban en el viento. Lo cierto era que en el bochorno con olor a agua podrida de la noche, salvo el que tenía camarote, mujer y ánimo para atenderla, todos dormían al aire libre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro sabía que tenía que mezquinar el poco dinero que llevaba, en esa aventura que se parecía más a las ganas que a lo posible. El Negro había escapado de Argentina con documentos falsos, cuando los militares habían sumado su foto a la de los buscados. Brasil era lo más cerca, y llegó como pudo a Brasil, más precisamente Río de Janeiro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le bastaron un par de meses para saber que entre los exiliados se habían mezclado policías de todas partes. Que una pisada en falso, un poco de mala suerte, y algún fantasma lo metería en una bolsa con entrega segura del otro lado de la frontera. Pasaje de ida a la tortura. Solo de ida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la convicción llegó la búsqueda del escape y el aferrarse a la aventura de llegar a Venezuela por tierra. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un bar donde se encontraban a diario los que estaban buscando una salida, un escape hacia la seguridad, uno que sabía explicó como se podía llegar a Venezuela, sin papeles, sin preguntas y por poco dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se puede ir por Guyanas –dijo el tipo, un porteño- pero está el problema del idioma y son bastante hijos de puta con los colados. Yo no iría por Guyanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Entonces?- preguntó alguien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay que llegar hasta Säo Gabriel da Cachoeira y de ahí se está a un paso de Paramariño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Eso no es la capital de Surinam? –dijo el Negro, que lo recordaba de la escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, mi viejo, esa es Paramaribo. Nada que ver –dijo, con suficiencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, ante un atlas prestado, tuvo que reconocer que Brasil era muy grande, y que para seguir el consejo del que sabía iba a tener que atravesar medio Amazonas. El mapa le decía que la idea era un disparate. Pero quedarse sin hacer nada, a la espera de lo que decidiera el destino, también era un disparate. Eso lo puso en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer paso era llegar a Manaos. El segundo algún barco que remontara el río hasta Paramariño. El tercero, cruzar el límite a pie. El cuarto, ya se vería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando abordó el santa no se qué a cambio de su dinero le dieron un papelucho arrugado que le garantizaba que no lo tirarían al agua mientras durara el viaje. Las comidas había que pagarlas cada vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Preguntó cuántos días tardarían en llegar a destino y lo que recibió por respuesta fue la carcajada larga del pasajero que lo había precedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vosé se piensa en Buenos Aires, argentino! ¡O barco llega cuando el río quiere!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fue la presentación del Bahiano; que sin que pudiera decirle que no, lo invitó a compartir un charuto de mariguana, para tomarse con calma el comienzo del viaje, y lo que viniera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro estaba corto de dinero. Comía poco y había dejado de fumar. Pero el Bahiano, que tenía una provisión inagotable de tabaco y mariguana, era generoso, o se aburría. Así que dejaban correr las horas bajo un retazo de sombra de los toldos, hablando pavadas y fumando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo de comer poco era circunstancial, pero se le hizo determinación cuando se anotó para la comida del segundo día de viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cocinero era un mulato flaco, con la nariz carcomida por alguna enfermedad tropical. La cocina, un quemador de petróleo sobre una base de hierros, y el caldero, una cacerola inmensa y ennegrecida, que el cocinero revolvía con un palo. Al costado, un cajón lleno de tazones de plástico y una caja con cucharas, que había que devolver para que el cocinero las lavara con agua del río. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro no era remilgado a la hora de matar el hambre, pero ese día, viendo como el bahiano devoraba la pastosa mezcla de arroz y “feiçao preto”, se sintió un melindroso hijo de la aristocracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habían anunciado guiso con carne y, después de pagar su parte y sin nada que hacer, se había arrimado al fogón. En el caldero hervía el agua marrón del río. Carne, al menos lo que él conocía por carne, no se veía por ninguna parte, pero el mulato flaco agarró una soga que colgaba hasta el agua y levantó la tortuga, pesada, verde y pataleante. De un golpe de machete le cortó la cabeza y la sostuvo en el aire para que desangrara. Seguía moviéndose, pero, como si troceara una zanahoria, el machete del cocinero le cercenó las patas, y las echó al caldero junto con el cuerpo mocho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Argentino -le comentó el Bahiano- si vocé tiene suerte liga pata, que la grasiña del carapacho istá pra que el guiso sea mais gostoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No le iban a devolver el dinero y estaba muerto de hambre, así que miró para otro lado, y tuvo suerte: en su plato aterrizó un “muslo” de tortuga. No dudó ni un instante en depositar la presa sobre el guiso del Bahiano, que ante tal gesto de desprendimiento soltó un grito de asombro:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Argentino, sos o maís grande hombre do mundo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La risa, desaforada, de lágrimas en los ojos, de darse cuenta que hacía tiempo que no se reía, pusieron velocidad en la cuchara del Negro, y atrevimiento en su estómago. Luego, con la panza llena, durmió la mejor siesta de su vida. Pero no volvió a comer en el barco sin mirar antes qué metían al caldero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los soldados y los vehículos del ejército de Venezuela seguían allí. Nada que hacer, y los pasos de regreso lo llevaron otra vez a lo largo del pueblo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie se había movido de su sitio. ¿Para qué, si no había dónde ir? Pero las botellas de cachaça sin domar pasaban de mano en mano. Como las risas. Por cualquier cosa. Como el Bahiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la gente tenía cara de “página policial”, se dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por eso nadie me ve…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deseaba un milagro, pero cada vez se veía más difícil. Del otro lado de la frontera las tropas se movían en una coreografía planificada por algún mando distante. Desplazamientos que el Negro conocía de Argentina. La lucha contra el peligro rojo era igual en todas partes. Solo que allí era por las dudas, para justificar vaya a saber qué. Y mientras tanto Paramariño y su vida normal de contrabando y puterío de paso se llamaban a reposo. Nadie se acercaba a una frontera donde los soldados le pedirían documentos o pasaportes que no quería mostrar, si es que los tenían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no podía esperar. Las últimas monedas le tintineaban en el bolsillo, y decidió que no valía la pena ser ahorrativo por tan poco. Ya no tenía dinero para pagarse el viaje de vuelta. Quemaría las últimas monedas en una última cerveza y después... no quería pensar en después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había clientes, y el dueño del bar estuvo generoso. Al fin de cuentas, qué era para él una cerveza más larga o más corta, y se la sirvió en un vaso grande que imitaba un barril de vidrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro bebió como para hacerla durar, y se entretuvo contando las moscas que iban quedando pegadas en el papel atrapamoscas. Contó treinta moscas y media docena de escarabajos. No habían cambiado el papel engomado desde la noche anterior, porque esos cascarudos se estrellaban contra las luces en cuanto cerraba la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un instante se vio allí, culo para arriba, atrapado junto a las moscas, y de golpe le vino unas ganas atroces de fumarse un cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el dueño del bar se acercó para decirle algo que no alcanzó a entender, mientras señalaba a sus espaldas con un gesto de respeto, y le daba un mazo de cartas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro se volvió intrigado. Sin que lo advirtiera, mientras contaba las moscas, el hombre del panamá había ocupado su mesa, y lo miraba. Lo esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dijo que no tenía nada mejor que hacer y caminó hasta la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Convídeme un cigarrillo, que me muero de ganas… –se le escapó sin pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro metió la mano en la chaqueta de hilo crudo y sacó un par de cigarros delgados y largos, con vitola dorada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se lo cambio por par de manos de truco- dijo, señalando con los cigarros el mazo de cartas que el Negro llevaba en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro siempre había sido bueno para el truco, un juego que desconcierta a los no iniciados, porque más que la suerte lo que vale es saber mentir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre del panamá barajó de ida y vuelta sobre la mesa, con una habilidad que hablaba de muchas noches sobando cartas, pero antes de darle a cortar dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Así, en seco, no vamos a ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hizo un gesto y el patrón se acercó con la botella, dos vasos y, lo que el Negro había olvidado que existía, un tazón lleno de cubitos de hielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para el calor lo mejor es el whisky- aseguró el hombre, para agregar- Al muchacho traigale unos sanguchitos de carne, o de salame, o de lo que tenga; que no quiero que se me desmaye antes de que le gane.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces el Negro lo supo: el tipo era argentino. Solo un argentino podía usar la palabra “sanguchitos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras manos las jugaron en silencio, visteándose las intenciones como duelistas, y porque el Negro no podía dejar de masticar. Y siguieron así hasta el fin de los santuchitos y del partido, que el hombre ganó por poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Esto no es el culo del mundo… es una almorrana en el culo del mundo- dijo levantándose un poco el ala del sombrero, para escanciar una cuarta ronda en la que apenas dejaba sitio para el hielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro observó sus cartas tras una niebla de digestión y alcohol que supo que iría en aumento, y dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Falta envido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro se tomó un tiempo para sacar un puñado de cigarros que dejó sobre la mesa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No tenés nada, pibe. Me estás corriendo con la parada, pero… como hay algunos que mienten sobre la mentira, mejor no quiero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Soldado que huye sirve para otra guerra…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si es tan zonzo como para anotarse en otra guerra… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eh… me dicen el Negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No será porque seas rubio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nací rubio… pero se me quemó la cuna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tenía un amigo, casi un hermano, que siempre decía eso mismo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo el hombre y una como sombra de tristeza le ocupó la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Borges –recordó de golpe el Negro, que empezaba a estar alegre sin motivo, y decidido a sentirse a salvo antes que volviera esa realidad de anclado en Paramariño, sin frontera y sin manera de pegar la vuelta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Borges?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Borges decía que el truco es el juego que mejor retrata a los argentinos: mentira, parada y relojeo del otro para averiguarle las debilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quiero retruco- dijo el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dijiste truco… quiero retruco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Mierda, estaba hablando de Borges!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero dijiste truco…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya… no quiero. Mala cosa aprovecharse de uno que va camino de estar borracho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pibe… si te vas a poner moralista te recuerdo que estamos donde estamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por toda contestación el Negro terminó su whisky y volvió a servirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo soy Abelino –dijo entonces el hombre del panamá tendiéndole la mano- Y me dedico a los negocios. Ah… y contra lo que vos creés, no soy argentino, soy uruguayo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es la misma mierda –contestó el Negro, mirando unas cartas que no le servían ni para perder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué vas a hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me voy al mazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, digo en serio… La frontera puede estar cerrada por meses, o abrirse mañana, pero eso nunca se sabe. Y acá… si no conseguís una puta que te mantenga, no te veo. ¿Qué vas a hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que estoy haciendo: turismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se rió en silencio, abanicándose con el panamá. Miró la noche que caía de golpe más allá de la galería y los pocos parroquianos que se arrimaban al mostrador. Después pareció que se dejaba ganar por la nostalgia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A mi amigo también le decíamos el Negro… Nunca conocí a nadie más noble y, en el fondo, más inocente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro sintió que tenía que dejar las cartas sobre la mesa, porque había algo de confesión en el otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, pibe… era como vos, un idealista. Y un día lo cazaron y lo reventaron como a una rata. No se lo merecía… Me lo había querido traer conmigo cuando se pudrió todo, pero dijo que no, que no se veía de contrabandista, que se quedaba a resistir, que la libertad, que la justicia… que la puta madre que lo parió al Negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nada. No me mientas que para eso está el truco, y yo acá, en este pueblo perdido, se más que Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Negro se encogió de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante unos minutos cada uno se miró las manos, como si no hubiera nada más importante, hasta que el hombre del panamá recuperó la sonrisa y ordenó otra botella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Venga, pibe. Vamos por la revancha, que no hay que entregarse ni abajo del agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántas manos de truco llegaron a jugar el Negro nunca lo supo, porque despertó de la borrachera con el sol alto, en la hamaca que le dejaba el patrón de la cantina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El patrón que le sacudía un hombro casi con cariño, mientras le comunicaba algo y le ponía un sobre en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tardó todavía un poco en despertarse. La cabeza se le partía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin tener muy claro qué estaba haciendo escrutó el sobre, para encontrar un fajo de dinero y un papel escrito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En recuerdo del otro Negro, y para que no maten a todos los idealistas. Abelino.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces entendió qué le había estado diciendo el patrón de la cantina:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El barco para Manaos sale en una hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando corría hacia el embarcadero, todavía medio borracho y pensando que Dios era uruguayo, le pareció escuchar la risa desmesurada del Bahiano, y se dijo que esta vez no iba a protestar si había que comer tortuga. Entonces recordó, como si hubiera sucedido otro día, que después de su firma el hombre del panamá había escrito una letra. Una “T”. ¿La T de los Tupamaros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Verdana, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;Este relato fue publicado en julio de 2011 en el libro que edita cada año la Semana Negra de Gijón, con auspicio de Pepsicola, y regala al público presente. El tema que convocó a escritores, dibujantes, poetas, fotógrafos, etc, fue &lt;em&gt;La frontera&lt;/em&gt;. Daniel Negro, un magnífico narrador oral, me había contado su aventura como exiliado que trataba de pasar de Brasil a Venezuela por una frontera remota, y su narración, con algunas libertades literarias, fue la base de &lt;em&gt;El hombre del panamá&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-5882001095593516223?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/5882001095593516223/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2011/08/el-hombre-del-panama.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/5882001095593516223'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/5882001095593516223'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2011/08/el-hombre-del-panama.html' title='El hombre del panamá'/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-nbClExUJtYk/TkQJxzgvccI/AAAAAAAAA5E/umKXygV5PGY/s72-c/puerto.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-4651240140155616943</id><published>2009-10-22T16:17:00.000-07:00</published><updated>2009-10-22T16:24:22.908-07:00</updated><title type='text'>El hombre de la ventana que miraba al Sudeste</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SuDpUlIB4GI/AAAAAAAAArw/Dfrv32_aueg/s1600-h/casa.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5395568893362298978" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 301px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SuDpUlIB4GI/AAAAAAAAArw/Dfrv32_aueg/s320/casa.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Nadie llegó a saber a ciencia cierta cómo había llegado a la Isla. De su pasado, y del camino que lo llevó hasta la casa sobre palos, sólo se conocían alusiones brumosas: masculladas noches hechas día por la grapa y el vino.&lt;br /&gt;La guerra del `40, tal vez la última gran guerra, había parido muchos como él, y los había dispersado en su derrotada diáspora hacia los bordes del mundo; hasta donde comenzaban los abismos sin fondo y los olvidos.&lt;br /&gt;Seguramente se había confundido en las oleadas de los que recalaban empujados por el hambre, por la miseria, por los sueños con hijos y noches de dormir sin sobresaltos. Sólo que él, y los otros muchos, eran, se sabían, de otro linaje.&lt;br /&gt;La Isla tenía esas cosas y era de ley aceptarlas sin cuestionamientos. La Isla era puerto final de esperanzas y resacas. Mezcla rara de surcos y madrigueras. Sitio donde se daban por ciertas todas las historias y todos los silencios de los hombres. Dónde nadie hacía preguntas.&lt;br /&gt;Para la mayoría, era simplemente el Polaco. Para otros, el Alemán, y hasta había quien porfiaba en que era austríaco. Que fuera lo uno o lo otro bien era posible, porque parecía entender todos los idiomas y hablar en ninguno.&lt;br /&gt;De cualquier manera que lo nombraran, era siempre el mismo. Una figura retraída, que soltaba una palabra cuando era indispensable para ordenar su grapa en el mostrador del Turco; si no se limitaba a un gesto que la costumbre había dotado de sentido.&lt;br /&gt;El Alemán vivía en una casilla sobre palos. Una de las tantas que se alzaban entre el monte virgen y las cortinas de sauces que amurallaban viñedos, huertas y montes frutales en las fincas de la Isla. Altas patas y escalera para huirle a las crecidas del gran río.&lt;br /&gt;Los pocos reparos, y el brutal empeño que ponía el Alemán, o el Polaco, para cumplir con los trabajos más sucios y pesados, lo hicieron apreciado por los quinteros de las fincas. Pero no querido lo suficiente como para franquearle la puerta de sus casas. Tal vez a eso ayudaba el mal disimulado desprecio, la actitud de señor que favorece a sus siervos, que siempre ponía por delante.&lt;br /&gt;Todavía hay quien cree recordar que fue al poco tiempo de su arribo a la Isla que construyó la casilla en la que vivió hasta el final. Que la levantó como todos, esquivando las crecidas del Río de la Plata, con torcidas patas de zancudo afirmadas en la tierra siempre preñada por el agua.&lt;br /&gt;-Chambonada de gringo... -comentó un peón criollo ante el mostrador del Turco, cuando se supo que el refugio del Alemán tenía una sola ventana, y que miraba al Sudeste.&lt;br /&gt;Era cosa sabida que las peores tormentas, las que traían a la rastra la creciente invadiendo la Isla y cercando las casas, llegaban siempre con la sudestada. Pero, si algún consejo escuchó el Alemán, no lo valoró en mucho, porque dejó las cosas como estaban, y muchos lo vieron pasar las horas asomado a su ventana.&lt;br /&gt;Después corrió el tiempo. Recontándose por talas y cosechas, crecidas de pasar semanas temiendo al agua; y la ristra de incómodas menudencias cotidianas. Con el paso de esos almanaques se hicieron rutina la presencia del Alemán y su mirada tendida hacia la lejana e invisible desembocadura del río en la mar océano; allá dónde las brújulas marcan el Sudeste.&lt;br /&gt;Quizás porque los otros se aferraban a la tierra, plantaban vida y hacían proyectos, mientras que él teñía de transitoriedad todo lo que lo rodeaba, seguía siendo un extranjero en tierra de extranjeros.&lt;br /&gt;Se movía ajeno a todos, como si fuera el custodio de un secreto que lo aislaba; pero que también le daba fuerza y lo mantenía en pie. Como si sólo aguardara el inevitable advenimiento del signo, la señal que lo pondría otra vez en marcha.&lt;br /&gt;Por boca del Turco, que lo proveía de grapa de la costa, era sabido que el hombre le daba duro a la botella. Siempre a solas, siempre en el refugio de su casilla, siempre acodado a la ventana. Siempre, claro, que la sudestada no castigara el monte haciendo temblar la construcción de tablas traídas por el río, cantoneras de sauce y basura de los barcos, y tuviera que cerrarla a machamartillo.&lt;br /&gt;Pero hubo una primera tarde en que se dejó caer por el despacho de bebidas y vicios del Turco, y antes de partir con la botella se estuvo un largo rato bebiendo en silencio, arrimado al mostrador. Desde ese día, su pipa y su pertinaz resistencia a entender cualquier idioma, se hicieron cosa común en lo del Turco.&lt;br /&gt;No estaba, ni dejaba de estar. El bullicio conque los quinteros italianos, yugoslavos o criollos disputaban su descanso en partidas de truco y murra, acentuaba su aislamiento.&lt;br /&gt;Hasta que llegó otra tarde, cuando ya la derrota le marcaba la boca, en la que no enfiló para la casa después de la segunda copa. Y se lo pudo ver borracho, atravesando el monte a los tumbos, cuando el Turco apagó el farol de querosén sobre el filo de la medianoche.&lt;br /&gt;Poco a poco, al compás de las canas que le invadían la cabeza, un rictus de rencor y amargura le rehízo la cara. Y junto con las diarias borracheras, con la decadencia física, con el caer dormido en cualquier zanja sin alcanzar su refugio, seguramente comenzó a madurar la idea de cegar el ojo de la ventana que no veía la señal tan anhelada.&lt;br /&gt;Los pocos que se quedaron en la Isla, después de la gran crecida, dicen que entonces fue cuando sucedió.&lt;br /&gt;El Alemán, o el Polaco -vaya uno a saber cómo se llamaba a sí mismo- ya se pasaba casi todo el día en lo del Turco, parapetado en el alcohol que lo ensordecía para todo lo que no fuera su signo ausente.&lt;br /&gt;No escuchaba, no entendía, no quería saber nada de otra historia -la del país donde envejecía- que se estaba tejiendo con avasallamientos y traiciones, con espejismos y con genocidios.&lt;br /&gt;Aunque de tanto en tanto alguna noticia de agonías atravesaba la barrera de sus silencios. Un eco que le despertaba una chispa de avidez en la mirada. Una supervivencia de otros tiempos. Un recuerdo de violencias en las que podía reconocerse. Entonces, una exclamación ásperamente gótica desgarraba su mutismo, como una esquirla disparada del diálogo que se encarnizaba en su cabeza; y ese gutural murmullo siempre clavaba un silencio de oídos atentos entre los quinteros yugoslavos o italianos.&lt;br /&gt;Estaba viejo, borracho y tal vez loco, pero se daba cuenta, y entrecerraba los ojos con un fulgor de bestia acosada. Y escapaba tropezando. O se atrincheraba en la botella hasta que podía volver a su refugio, en la casilla sobre palos, cuando el apagar del farol del Turco lo empujaba a una marcha temerosa de emboscadas entre la oscuridad de los sauces.&lt;br /&gt;Tal vez fue el miedo a traicionarse lo que lo empujó a cambiar el mostrador del Turco por la cantina del rancherío sabalero. O fue, simplemente, que el tugurio de cañas y latas permanecía abierto toda la noche, para que los pescadores de sábalos “mataran el bicho” antes de salir a tender las redes en la madrugada.&lt;br /&gt;A la distancia todo se hace presunciones, pero bien vale suponer que lo único importante era que entre criollos podía navegar en soliloquios sin que nadie entendiera una palabra.&lt;br /&gt;Por el contrario, los sabaleros, sumergidos en una vida miserable que apenas compensaba el entumecimiento del alcohol, poco caso hacían del gringo siempre en pedo. Casi que se divertían cuando farfullaba en su jerga extraña, y cuando respondía a sus bromas, muchas veces brutales, con la única palabra que parecía conocer del castellano: Carajo.&lt;br /&gt;Hasta que una noche sucedió algo que cambió la historia.&lt;br /&gt;El Alemán bebía más que de costumbre, pero se mostraba determinadamente lúcido, con el empaque distante de sus primeros años en la Isla. Como si por fin, desde su ventana, hubiera visto el signo que llegaba para devolverle su vida.&lt;br /&gt;Entonces bastaron unos gestos contenidos y su mirada glacial, despectiva, para que el aire fuera una cuerda a punto de cortarse. Por primera vez desde que lo habían conocido, los sabaleros tomaban su vino en silencio, midiéndolo de soslayo, cargándose de a tragos con el odio que veían en esos ojos metálicos.&lt;br /&gt;Era tarde, y había corrido mucho alcohol bajo ese techo de lata, cuando abandonó su rincón. Hacía ya un rato que murmuraba, en un castellano trabajoso pero nítido, una amenazante cantinela sobre razas inferiores y campos de exterminio.&lt;br /&gt;Sus pasos, verticalmente controlados, lo acercaron hasta el hombre aindiado que limpiaba sábalos con diestros y veloces pases de cuchilla.&lt;br /&gt;El Alemán se le plantó enfrente, y lo obligó a levantar la vista con la imposición de su presencia. Luego, es de suponer, pronunció alguna sucia, ineludible injuria.&lt;br /&gt;En la turbia luz del querosén, la hoja de la cuchilla fue un coletazo de hierro empujándolo contra la pared.&lt;br /&gt;Alguien creyó recordar más adelante, la memoria siempre agrega nitidez a los hechos, el ruido como de beso húmedo que hizo la puñalada al chafar la carne. Y que el gringo borracho intentó alzar un brazo hacia el techo pringado de óxidos. Que quiso decir o gritar algo, y que se le ahogó en una bocanada de sangre.&lt;br /&gt;Cuando el sabalero se hizo al monte atropellando la noche, con un bramar desentrañado, un maldecir a su suerte perra que disparó una corrida de bichos en la paja brava, el Alemán terminaba de palidecer sobre el suelo de tierra apisonada. Algunas escamas de sábalo plateaban como lentejuelas sobre la mancha roja que se extendía con lentitud de marea.&lt;br /&gt;A los pocos días, cuando sobrevino la creciente grande, con el viento del Sudeste empecinado en contrariar al río, los árboles de la Isla se cubrieron de agua lodosa hasta más arriba de dónde un hombre podía alcanzar en puntas de pies.&lt;br /&gt;Las huertas, los viñedos, los sueños y los frutales murieron ahogados por el barro. Y la cantina, junto con todo el rancherío sabalero, se deshizo en un desperdigar de palos y latas arrastradas por la crecida.&lt;br /&gt;Entonces fue que el Turco, solidario como todo islero, pensó que alguno, quizás, podía haber buscado un desesperado refugio en la abandonada casilla del Alemán; y se allegó con su canoa, inventando caminos entre sauces y pajonales a golpes de machete y remo.&lt;br /&gt;No quedaba mucho de la construcción. Apenas algo más que el esqueleto de palos, con sus largos huesos sumergidos en el agua. El techo, y los escasos restos de la tablazón que se sacudían traspasados por un viento de tormenta, habían tenido un destino elocuente. Eran un amasijo de madera sobre madera y clavo sobre clavo, tapiando como una última negación la ventana que miraba hacia el Sudeste. La ventana cegada, la que ya no vería el signo que tenía que llegar desde donde el río se hacía a la mar, había sido el penúltimo y decisivo acto del extranjero; aquel al que unos recuerdan como el Polaco y otros como el Alemán, pero que se negaba a hablar en cualquier idioma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cárcel de Devoto (Argentina) 1982/ Barcelona, 2008&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;Este relato fue publicado en un anuario homenaje que hizo la UGT de España a Julián Besteiro, educador y miembro del gobierno republicano, cuyo nombre lleva la escuela de la Unión General de Trabajadores. Como Julián Besteiro murió en la cárcel, tras el triunfo de Franco, tenía sentido entregarles esto que había escrito por primera vez hacia el fin de diez años de cárcel. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;"&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-4651240140155616943?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/4651240140155616943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/10/el-hombre-de-la-ventana-que-miraba-al.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/4651240140155616943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/4651240140155616943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/10/el-hombre-de-la-ventana-que-miraba-al.html' title='El hombre de la ventana que miraba al Sudeste'/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SuDpUlIB4GI/AAAAAAAAArw/Dfrv32_aueg/s72-c/casa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-174785743149823385</id><published>2009-08-21T00:38:00.000-07:00</published><updated>2009-08-21T01:07:12.933-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;La biblia de la Zwig Migdal&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5RTdKwhBI/AAAAAAAAApo/eSTgFhs9Og8/s1600-h/paraiso.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372320800188695570" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 277px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5RTdKwhBI/AAAAAAAAApo/eSTgFhs9Og8/s400/paraiso.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Advertencia del autor y primer capítulo de la Biblia Auténtica, impresa en Avellaneda (sirca 1920) por encargo de Zwig Migdal, para uso de las pupilas de sus burdeles de Buenos Aires y Rosario. La mafia judía atendía así las necesidades espirituales de las mujeres a su cargo. Por sus aclaraciones al pie de cada capítulo, la traducción de los textos originales –perdidos en el atentado fascista que incendió la sede social de Zwig Migdal- estuvo a cargo del polaco Witold M. (de Moshe) Poniatowsky, secretario general de la asociación, poeta aficionado y defensor del lunfardo rioplatense. Los originales, de creer en lo afirmado por el traductor, habrían sido datados alrededor del año 1000 en las ciudades judías de Stella, Tarragona, Barcelona y Girona. Sólo quedan dos ejemplares de la Biblia Auténtica, después de la última razzia y quema que llevó adelante el Mossad israelí, sección argentina, en defensa de la memoria. (R. A.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;em&gt;-“Yo, Teodorico de Reclus, monje libre condenado a vagar con la sombra de las hogueras a mis espaldas por haberme atrevido a dudar, dejo a los hombres esta Biblia Auténtica, que me ha costado toda una vida de reflexión, escritura, hambres y persecuciones, y que seguramente también atraerá sobre mí la muerte ignominiosa de los profetas. Hágase la voluntad de Dios, que no la de sus mal llamados ministros.”&lt;/em&gt; -&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Génesis: monstruos mitológicos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;y el destino de la segunda costilla&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Cuando Jehová terminó de separar los cielos de la tierra lamentó el exceso de orden y echó en falta un poco de animación, por eso creó las plantas y las bestias. Las primeras para que dieran pienso y sombra a las bestias, y las segundas para que pusieran coto a la multiplicación de las verduras.&lt;br /&gt;Eso fue por la mañana. Por la tarde tuvo que crear a las bestias que se comen a las bestias, como el león, el oso y el dragón; porque aquello sería una de parir que amenazaba hundir el mundo. Poco antes de la noche de ese sexto día también creó a los bichos que pican y chupan de la sangre, como el piojo, la pulga y la ladilla, para que nadie encontrara la vida demasiado fácil, que la pereza es la madre de todos los vicios.&lt;br /&gt;Al día siguiente Jehová se entretuvo observando la actividad de su reciente obra, pero pronto le sobrevino el hastío. Los animales siempre hacen lo mismo, y no hablemos de las plantas. Hemos oído contar que en algún lejano lugar hay plantas carnívoras, y no nos atreveríamos a decir si ya estaban en la creación primigenia o nacieron, como los gusanos, de la podredumbre, cuando el mundo se infectó con las perversiones humanas. En todo caso, aseguran que las tales verduras carnívoras no corren detrás de sus presas, sino que son más bien quedadas y no pueden con animales más grandes que un escarabajo. Con lo que queda comprendido lo que decíamos del aburrimiento. Hay que ser un santo o estar un poco perdido de los sesos para abstraerse, por ejemplo, en las andanzas de un cardo borriquero.&lt;br /&gt;Lejos está este narrador, Teodorico de Reclus, pobre monje ignorante y tantas veces atacado por el aburrimiento y las malas ideas, de interpretar las razones de Jehová. Pero sospecho que así como casi todos los humanos somos presa de cierta inquietud nocturna con derrames incontrolados, fue una inquietud semejante la que llevó a Jehová a tomar un puñado de lodo, darle miembros, ojos, oídos y narices por pares, y soplarle un aliento de vida y entendimiento.&lt;br /&gt;Jehová lo llamó Adán y le dijo:&lt;br /&gt;- Vivirás aquí, en el Huerto al Este del Edén; y serás el Rey de la Creación. Que para Eso te Hemos dado Vida.&lt;br /&gt;Quizás se preguntó qué podía esperar de esa copia defectuosa de Su Divina Presencia, al verlo tan tranquilo, mirando a su alrededor con ojos de vaca que de nada se asombra, pero al fin se retiró a descansar en Edén. Nadie nace sabiendo, y Adán tenía una eternidad por delante.&lt;br /&gt;Nunca sabremos cuánto tiempo pasó hasta que Jehová retornó al Huerto para ver como marchaba su obra. En los orígenes tanto daba un día como un siglo, así que digamos que si descansó el domingo, habrá sido un martes o un miércoles cuando visitó el Huerto al Este del Edén.&lt;br /&gt;Jehová llegó al Huerto, y no encontrando a Adán, lo llamó a voces y lo buscó en praderas y frondas. Lo que muestra en El Que Todo Lo Puede Ver, un toque de respeto hacia la persona de su criatura. Lo cierto es que no pudo encontrarlo, hasta que, cuando ya se había caminado medio Huerto, oyó un sonido confuso, de lucha sorda, que provenía de un grupo de arbustos; así como un jadeo propio de macho cabrío. Intrigado, avanzó sin ruido, hasta traspasar con la vista el tupido ramaje.&lt;br /&gt;En un claro de la fronda Adán sujetaba por la pelambre cogotera una cabra del género femenino, y la acometía por detrás en ese empeño tan conocido por nuestros pastores, que consuelan sus noches solitarias en la pirenaicas cumbres, acometiendo por retaguardia a complacientes hembras de cuatro patas.&lt;br /&gt;-¡Yo lo sabía!- dijo Jehová, más para dejar sentada su Omnisciencia que porque alguien pudiera escucharlo.&lt;br /&gt;Y así fue que, decidido a poner fin a esa antinatural relación, nacida por su culpa y error al dar vida al único ser impar de todo el Huerto, señaló con el dedo a su creación y le ordenó que terminara.&lt;br /&gt;Si Adán escuchó la orden o fue casualidad es una discusión digna de los sabios de Bizancio. Lo cierto es que se corrió con un grito prolongado, un tanto tartajeante y cayó al suelo en desmayo, mientras la cabra se alejaba al trote.&lt;br /&gt;Jehová observó a Adán dormido sobre el pasto; la verga flácida y goteando el licor de la vida, y se dijo que la hembra que se merecía debería parecérsele, con alguno que otro detalle que los diferenciara y complementara, como los que Adán había encontrado en las cabras. Por eso tomó una costilla del costado derecho del durmiente, al tiempo que extraía también la que sobraba del otro lado. Estaba seguro de que mientras estuvieran en número parejo Adán no notaría la falta. Entonces sopló el hueso para insuflarle vida.&lt;br /&gt;Así, un rato después, mientras Jehová retornaba a Edén preguntándose qué haría con la costilla sobrante -porque aunque todo lo ve y todo lo puede, a veces prefiere olvidar el futuro para que el saberse Eterno no lo ahogue en un mar de tedio- desde los arbustos se elevaban los jadeos, gemidos y gritos de Eva que conocía a Adán, y de Adán que conocía a Eva.&lt;br /&gt;Tal vez sorprenda o hiera la sensibilidad de las mujeres honestas de nuestros tiempos, una madre Eva entregada a placeres imposibles de imaginar para una mujer bien casada, y cuanto más para una virgen. Pero es un hecho demostrado por los santos padres de la Iglesia que los extremos se tocan y confunden, y que el ajetreo lúbrico de las putas mucho se parece al éxtasis de las santas. Además, deben tener en cuenta que cuando Adán y Eva se refocilaban, en el Huerto aún Dios no había creado el Pecado y la vida transcurría sin culpa.&lt;br /&gt;Justamente, Jehová un tiempo después regresó al Huerto porque había tenido tiempo de reflexionar sobre lo perjudicial que resulta la carencia de culpa. Sus creaciones reinantes, Adán y Eva, tenían todo lo que podían necesitar, pero ninguna obligación, y sabido es que las prohibiciones alivian el sin sentido de nuestras vidas.&lt;br /&gt;Cuando concurrieron al llamado de Jehová, Adán y Eva se veían silenciosos y envueltos en un relente a cópula que podía olerse a muchos pasos.&lt;br /&gt;-Hijos míos, ustedes saben que fueron creados de la Luz de Nuestros Ojos y para gloria de Nuestra Divinidad ¿Si?&lt;br /&gt;Adán y Eva cabecearon un asentimiento.&lt;br /&gt;-Bien, pero no todo puede ser “facilito”. Desde hoy en más, los voy a poner a prueba… ¿Ven ese árbol? -dijo Jehová, señalando un manzano solitario.&lt;br /&gt;Y Adán y Eva dieron muestras de entendimiento.&lt;br /&gt;-Tienen prohibido comer de ese fruto, al que he llamado Del Bien y Del Mal. Si lo hacen... serán expulsados del Huerto. ¿Entendido?- dijo Jehová.&lt;br /&gt;Y Adán y Eva dieron otra vez muestras de entendimiento.&lt;br /&gt;-Pueden irse... -dijo Jehová y que vio marchar a la primera pareja con los rostros preocupados y haciendo gestos.&lt;br /&gt;Entonces Jehová, que Todo lo tiene Previsto y Nada sucede sin la Intervención de su Divina Voluntad, los llamó otra vez a su lado y les ordenó:&lt;br /&gt;-Ordeno que desde ahora en más tengan uso de la palabra para comunicarse el uno al otro los pensamientos, las intenciones y las inquietudes, si es posible que en el Huerto tengan alguna inquietud.&lt;br /&gt;Y fue como si lo hubiera adivinado. Porque en tanto se alejaba alcanzó a escuchar que Adán decía a Eva:&lt;br /&gt;- ¿Cómo que nos va a dar el piro del Huerto? ¿A dónde vamos a ir? ¿Hay otro sitio?&lt;br /&gt;- Hombre ¿por qué me preguntas a mí? Lo que me molesta es que venga con imposiciones. Que no puedo hacer esto, que me prohíbe lo otro… ¿Quién se ha creído que es?&lt;br /&gt;- Se lo tenía bien escondido eso del otro lugar. Seguro que es mejor que el Huerto...&lt;br /&gt;- Ya está; otra vez no me estás escuchando. Siempre me haces lo mismo...&lt;br /&gt;- Que no, que lo vale es lo que vale; y hablar para decir tonterías no le veo la gracia.&lt;br /&gt;- ¡Ah, claro! Es que el Señor Importante me va a decir ahora de qué puedo hablar...&lt;br /&gt;- Que no, mujer; no te enojes...&lt;br /&gt;- ¿Sabes qué? ¡Que ya me tienes hasta el moño!&lt;br /&gt;-¿El moño?&lt;br /&gt;- Algo que estoy inventando, porque no me aguanto más estos pelos hasta el culo y me los voy a atar. ¡Y no me toques más los ovarios con tus preguntas!&lt;br /&gt;Jehová regresó a Edén preguntándose si no había cometido un error de graves consecuencias al darles la palabra, y echando una ojeada al futuro decidió tener a mano la costilla sobrante de Adán, porque iba a necesitarla. Típica intuición Divina.&lt;br /&gt;(Hete aquí que yo, Teodorico de Reclus, digo que la historia del árbol del Bien y el Mal está muy bien para acercar la verdadera fe a los salvajes, pero cualquier cristiano decente tiene que admitir que Jehová no creó un ser a su Imagen y Semejanza para que fuera absolutamente estúpido. Ergo: la conciencia del Bien y del Mal estaba presente en Adán y su costilla desde el primer momento. De manera que no puede haber sido el comer del árbol prohibido lo que motivó la expulsión del Huerto. Tengo para mí que hubo otra más poderosa razón, y la lectura minuciosa de los clásicos griegos y romanos me permitió ver la luz, y así poder trasmitir esta, la verdad verdadera.)&lt;br /&gt;Un día Jehová volvió al Huerto. Lo primero que hizo fue contar las manzanas, y no faltaba ninguna. Entonces llamó a Adán y a Eva para darles muestras de su afecto, pero ninguno de los dos acudió a su llamado.&lt;br /&gt;Preocupado por la ausencia, Jehová se rebajó a dar grandes voces que retumbaron como truenos sobre el Huerto. Lo único que consiguió fue que unos seres que no tenía vistos, con cuerpo de hombre y patas y cuernos de cabra, emergieran de los arbustos con grandes vergas erguidas como mástiles de nao.&lt;br /&gt;- ¡Eh, que con esos gritos no nos dejas follar en paz!&lt;br /&gt;- ¡Por qué no te callas, barbudo meshugue! (1)&lt;br /&gt;Azorado, Jehová tardó un instante en recobrar el habla, pero menos en montar en cólera.&lt;br /&gt;- ¡Coño! -gritó- ¿De dónde salieron ustedes? ¡Yo soy El Que Todo lo Puede! ¡El Creador!&lt;br /&gt;Una carcajada balante hizo temblar los rostros y las vergas de las caprinas criaturas.&lt;br /&gt;- ¿A vos quién te conoce, papagayo? -dijo uno.&lt;br /&gt;- ¿Y si le rompemos el tujes?- propuso otro. (2)&lt;br /&gt;- ¡No me dan gusto los culos viejos! -negó un tercero.&lt;br /&gt;Y el cuarto, el quinto, el sexto y todos los demás tomaron guijarros del suelo y apedrearon a Jehová, que no percibió daño porque su Presencia es Inmarcesible y Blindada, pero por las dudas tomó distancia para salvar su orgullo.&lt;br /&gt;Entonces fue que Jehová volvió a atronar el Huerto llamando a Adán y a Eva, aunque lo único que consiguió fue espantar a un grupo de seres que de lejos había confundido con caballos, y que en su estampida al galope le pasaron por encima dejándolo cubierto de polvo y con olor a bosta.&lt;br /&gt;Los seres, hembras y machos, eran humanos desde la cintura hacia arriba, y caballos desde la cintura hacia abajo.&lt;br /&gt;Jehová se tomó un momento de respiro para decidir por dónde encaraba ese desmadre. Ya eran dos las especies que no había creado, y que por lo visto no estaban dispuestas a adorarlo ni tenerle respeto.&lt;br /&gt;Estaba en eso, cuando advirtió que una víbora sobrevolaba un castaño. Han de saber que las víboras en esos tiempos eran como los dragones; es decir que tenían patas y alas.&lt;br /&gt;Jehová chistó a la víbora y con un gesto le ordenó que se acercara.&lt;br /&gt;La víbora reconoció a su creador y, apresurándose a tragar las nueces que llenaban su boca, dijo:&lt;br /&gt;- ¡Oh Divino Señor, que alto honor es contemplar Vuestra Presencia para esta humilde bestia de los aires!&lt;br /&gt;- Ya, ya... -dijo Jehová, que no estaba para perder el tiempo- quiero que me hagas un mandado.&lt;br /&gt;- Sus Órdenes son mi voluntad, Divino Creador.&lt;br /&gt;- Ahora mismo te me vas a buscar a Adán y Eva, y les decís que vengan a Nuestra Áurea Presencia antes que me caliente y haga un desastre. Los quiero aquí y ahora sin excusas.&lt;br /&gt;- ¿Y si no vienen? -dijo la víbora, cambiando el tono por la duda.&lt;br /&gt;- ¡Tienen que venir! - bramó Jehová, con voz de trueno.&lt;br /&gt;- Pero... -insistió la víbora- ¿Y si no quieren venir?&lt;br /&gt;- ¡Por la hostia consagrada! - gruñó Jehová, que como veía el pasado, el presente y el futuro, siempre tenía alguna exclamación sin estrenar que dejaba a todos en Babia. - Si no quieren venir me dirás dónde están, y yo mismo iré a buscarlos.&lt;br /&gt;- ¿Y por qué yo? -dijo la víbora, con un malhumor creciente que le erizaba las plumas de las alas.&lt;br /&gt;- Porque Yo te lo Mando.&lt;br /&gt;- Detesto a la gente que anda con cuentos y se mete en la vida de los otros -silbó irritada la víbora-. Además, Adán es el Rey de la creación y me va a cagar la vida si...&lt;br /&gt;- ¡Ya basta! -bramó Jehová, con voz de rayos y torrenteras- ¡Vete a cumplir con lo que te Hemos Ordenado, bestia inmunda!&lt;br /&gt;Y la víbora desplegó sus alas y se fue volando sobre los árboles del Huerto, refunfuñando sin parar:&lt;br /&gt;- Yo sabía, “bestia inmunda”, al final lo tenía que decir, siempre pagamos los platos rotos los mismos giles, y al fin de cuentas...&lt;br /&gt;Jehová, con los nervios destrozados, por un momento meditó sobre la posibilidad de saltarse el devenir natural del tiempo y traerse del futuro un cigarro, para aplacar la impaciencia echando humos, pero desistió, porque ya estaba todo suficientemente despelotado como para agregar leña al fuego. Y esperó, sentado sobre una piedra.&lt;br /&gt;Esperó y esperó. Podría decirse que hasta que le crecieron las uñas y estaba al punto de ordenar que el mundo volviera al caos. Pero decidido a que no pagaran justos por pecadores, dejó volar la Luz de Sus Ojos, y registró palmo a palmo cada rincón del Huerto.&lt;br /&gt;No tuvo que buscar mucho para dar con Adán. Sobre unos riscos que contorneaban una pequeña cascada, Adán acometía por detrás a una cabra a la que sujetaba por la pelambre del cogote, más para su comodidad que para evitar una fuga que la hembra no mostraba intenciones de emprender. En torno de la doble figura, otras hembras miraban al primer hombre con cariño, y hasta parecía que esperaban su turno. Aquí y allá, retozaban por los riscos decenas de esos seres humanos caprinos que en el futuro serían llamados “faunos”. Por un momento Jehová, que no recordaba cuántas crías parían las cabras en cada vez, se perdió en confusos cálculos, hasta que el horror lo hizo volver en sí, y cerrando los ojos a tanta iniquidad exclamó:&lt;br /&gt;-Pobre mujer- pensando en Eva, a quien imaginaba hecha un paño de lágrimas por la traición de su marido; con lo que se dispuso a consolarla.&lt;br /&gt;Encontró a Eva en una pradera de florecillas y pastos rumorosos, en medio de una manada de centauros. Por un instante temió por la vida de la nacida de la costilla de Adán, porque la vio en peligro de muerte, cabalgando del revés entre las patas de un centauro macho, sus piernas y brazos abrazadas al robusto cuerpo caballar. Pero de pronto, algo así como un ahogo le cortó el aliento, al darse cuenta de que el tal galope no iba a ninguna parte, y que Eva estaba siendo penetrada por una verga de la que prefería no conocer las dimensiones.&lt;br /&gt;Ese fue el momento, querido lector que sigues con fervor las enseñanzas de la Biblia Auténtica, en el que más cerca estuvo el Hombre, la Tierra y el Universo de volver a la Nada. Pero, si el hombre peca de orgullo, lo heredado no es robado, porque lo que impidió el retorno al caos fue que en Jehová el orgullo es todo y no se permite fracasos.&lt;br /&gt;Lo pensó un momento, y luego, con un alarido horrísono que sembró un temblor de pánico entre los seres vivos del Huerto, convocó a Adán y a Eva a encontrarlo bajo el manzano.&lt;br /&gt;Naturalmente, llegó primero. Y, con toda premeditación, arrancó una manzana y la arrojó muy lejos.&lt;br /&gt;No más verlo y verse, Adán y Eva comenzaron con una retahíla de acusaciones mutuas y justificaciones.&lt;br /&gt;- Es que esta mujer es como la gata Flora, Mi Señor, si se la ponen grita y si se la sacan llora.&lt;br /&gt;- ¿A sí, eh? ¡So maricón! ¿Qué harías vos, Jehová, si tu marido te viene una y otra noche con un olor a cabra que apesta?&lt;br /&gt;Y así estuvieron un largo rato, abusando de la paciencia de Jehová, que los escuchaba en silencio. Estaba claro que tenían la conciencia culpable, y necesitaban desahogarse. Cuando se quedaron sin aliento, y advirtieron que Su Señor los miraba como si ya no estuvieran, cerraron sus bocas y comenzaron a temer.&lt;br /&gt;Entonces Jehová señaló el árbol y dijo:&lt;br /&gt;- Falta una manzana....&lt;br /&gt;Por un instante, en tanto caían en la cuenta de que no eran acusados de sus malandanzas libertinas, y que bien podía ser que el Creador nada supiera, se cruzaron en acusaciones.&lt;br /&gt;- ¡Fue Adán!&lt;br /&gt;- ¡Fue Eva!&lt;br /&gt;Jehová los volvió a mirar desde una gran distancia y le recordó:&lt;br /&gt;- Y dijo Jehová: Tienen prohibido comer de ese fruto, al que he llamado Del Bien y Del Mal. Si lo hacen serán expulsados del Huerto...&lt;br /&gt;- ¡Fue Eva!&lt;br /&gt;- ¡Fue Adán!&lt;br /&gt;- Ya no importa. Porque el hombre se debe a la mujer y la mujer al hombre. De manera que de ahora en más, vivirán el uno con el otro, ganarán el pan con el sudor de sus espaldas y parirán con dolor seres en todo semejantes a ustedes ¡Y cuidadito con que sean distintos!&lt;br /&gt;Dicho esto Jehová hizo un gesto, y bajó del cielo un batallón de ángeles armados con espadas de fuego que los empujaron a cruzar sin retorno la puerta del Huerto, e internarse en una tierra en todo parecida al Huerto, pero donde los guijarros se hincaban en las plantas de los pies, el viento frío y el calor ardiente penetraban hasta los huesos, y las bestias los acechaban con babeantes colmillos.&lt;br /&gt;Se perdían en la lejanía, dos pequeñas figuras solitarias, cuando un zumbido en los aires hizo volver la cabeza a Jehová. La víbora, suspendida en el aire por el aleteo de sus ligeras alas, asistía con tristeza al desarraigo.&lt;br /&gt;- Te vi arrojar la manzana- dijo, con la cansada voz del que se sabe condenado.&lt;br /&gt;- No has cumplido lo que se te pidió- dijo Jehová.&lt;br /&gt;- No pude; no soy un traidor...&lt;br /&gt;Jehová meditó un momento la respuesta y sacudiendo la cabeza con resignación suspiró:&lt;br /&gt;- Muy loable. Muy moral, verdaderamente. Pero muy poco político. Por no haber estado de Mi Lado te condeno, de ahora en adelante, a perder los pies y las alas y arrastrarte para siempre sobre tu panza.&lt;br /&gt;- Mierda... -dijo la víbora, al dar contra el piso, bruscamente despojada de sus atributos.&lt;br /&gt;- Si te das prisa podrás alcanzarlos.&lt;br /&gt;- No creo que tenga muchas ganas; esos dos van a tener una vida de perros. Podías haber sido un poco más compasivo.&lt;br /&gt;- No me está permitido.&lt;br /&gt;- Excusas... y no te olvides que yo sé por qué los echaste del huerto. - dijo la víbora.&lt;br /&gt;- No me olvido -contestó Jehová-, por eso además de arrastrarte por el polvo, perderás el habla y de tu boca sólo saldrá un silbido.&lt;br /&gt;Algún tiempo después, nos enseña la verdadera Biblia, la auténtica, Adán y Eva daban el ser a Caín, al infortunado Abel y a una ristra de hermanos que encontraron mujer en lejanas tierras.&lt;br /&gt;La costilla sobrante de Adán había encontrado su destino. Compadecido de la soledad de Eva, obligada a parir los hijos de todos los hombres, Jehová había soplado y multiplicado la otra costilla para procurar mujeres que la ayudaran en la imposible tarea.&lt;br /&gt;Jehová, el que Todo lo Puede, es Siempre Misericordioso.&lt;br /&gt;Así como debería haber sido contado, es como hoy lo oyen de mi boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(1) meshugue&lt;/strong&gt; (loco).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(2) tujes&lt;/strong&gt; (culo, ojete).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Conservamos la forma original en que fueron escritas las dos palabras por Witold Moshe Poniatowsky. Pertenecen al yidish, lengua judía de la diáspora, y son hoy de uso corriente en el Río de la Plata. (R.A.)&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;(Publicado en julio de 2009, en el libro gratuito de Semana Negra dedicado a "El Libro&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-174785743149823385?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/174785743149823385/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/la-biblia-de-la-zwig-migdal-advertencia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/174785743149823385'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/174785743149823385'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/la-biblia-de-la-zwig-migdal-advertencia.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5RTdKwhBI/AAAAAAAAApo/eSTgFhs9Og8/s72-c/paraiso.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-4902442758865357900</id><published>2009-08-20T23:25:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T23:39:28.911-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;color:#000000;"&gt;&lt;strong&gt;Humo, en el verano del 58&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Fueron tres los hombres, fueron tres las mujeres y tal vez sucedió en marzo, mes tercero del verano austral, a las tres de la tarde; cuando supe que la muerte y la locura siempre atacan por sorpresa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Yo tenía doce años, múltiplo de tres; aunque no venga al caso. Y Tandil era el sitio entre sierras, de la provincia de Buenos Aires, donde pasaba las vacaciones. Tandil era la casa de mis abuelos y la de mis tíos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;El abuelo regaba la huerta, y yo miraba con las manos en los bolsillos. Entonces, por sobre los techos comenzó a alzarse una columna de humo negro, espeso, como de película de guerra, y él dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5AoaJQ2lI/AAAAAAAAApg/kUQGANASYtg/s1600-h/humo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372302468456700498" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 205px; CURSOR: hand; HEIGHT: 241px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5AoaJQ2lI/AAAAAAAAApg/kUQGANASYtg/s400/humo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;-¡Se está quemando la casa de Miguel!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Era cierto. A la vuelta de la manzana, por detrás de la casa de mi tío, al fondo de un terreno largo y estrecho donde agonizaba una huerta invadida por la maleza, ardía el rancho donde vivía Miguel. Todavía sin llamas, de los techos ascendía una columna como de petróleo quemado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;A los pocos minutos, cuando el rancho de cartones embreados comenzaba a arder por los cuatro costados, llegaron el camión rojo, la sirena y las mangueras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Excitado, tropezando con los bomberos, fui de un lado a otro, entre los vecinos que habían abandonado la siesta. La pregunta era si “Miquel” había escapado del incendio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Miguel, o “Miquel”, como algunos lo llamaban, tenía fama de raro. Vivía solo y, a mis ojos, que un par de veces lo había visto hablar con mi abuelo, aparecía como requemado por la vida. No era extraño. Miquel era checo, o búlgaro, o algo por el estilo que hablaba de una Segunda Guerra feroz, brillante y heroica tal vez en el cine, que había llenado los barcos con inmigrantes muy lastimados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Hablaba poco y con acento muy marcado. Hasta el día del incendio me era ajeno. Luego, su imagen me acompañaría para siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Porque Miquel era amigo de José, “el Ruso”, que en rigor era polaco, y el Ruso estaba casado con la cuñada de mi tío; y a ese lo conocía bien. Cuerpo de oso bajito, sonrisa tímida, y un castellano lleno de ruidos divertidos. También venía de un pasado del que nunca hablaba. El Ruso se pasaba el día dale que dale al martillo, los clavos en la boca, remendando zapatos ajenos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;El tercero, porque eran tres los amigos inseparables, también era de por ahí, de Polonia, Rumania o Croacia, pero parecía una persona normal, como cualquiera, sin acentos. Del tercero no recuerdo el nombre. Sí, que vivía con su mujer y su hija en una casita blanca, unos cien metros más abajo que mis abuelos, cerca del puente sobre el arroyo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Con los vecinos en la calle y el agua ahogando las llamas del cartón embreado, los bomberos pudieron entrar al rancho, y enseguida corrió la voz: había un muerto. Un hombre muerto sobre la cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;-Pobre Miquel -dijo alguien- el incendio lo agarró durmiendo la siesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Con los bomberos entraron un par de policías y dos o tres del barrio, para testigos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Supongo que me lo invento, pero recuerdo que, al mismo tiempo que supe del muerto sobre la cama, también supe que no era Miquel. Que Miquel, un rato antes de que se viera el humo renegrido, había pasado muy de prisa, con un paquete de papel de diario en la mano, en dirección al centro. Y, esto no lo imagino, lo sé, fue la vieja, la desdentada cara de bruja suegra de mi tío que dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;-¡Va para la casa del Ruso! ¡Se lo dije, ese hombre está loco!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Y mi abuelo, y mi tío que corrían hacia lo del Ruso, mientras mi tía comenzaba a llorar a los gritos, presintiendo la desgracia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;No podía, no tenía con quien compartir lo que sabía, y vagué sin rumbo, hasta enterarme del rumor confirmado: le habían dado con un martillo en la cabeza. El muerto no era Miquel. El muerto era el amigo de la casita blanca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Entonces pude ver, en aquella esquina, a las tres mujeres. Hablaban. La mujer y la hija del tercer amigo miraban hacia donde trabajaban los bomberos, y sonreían. La otra mujer les hacía un chiste.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;La tercera, cuando pasé a su lado me miró con esa cara y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;-¿Por qué no vas a ver si tu abuelo está en su casa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Tardé en entender. Pero supe que ella ya sabía quién era el muerto, y que me estaba echando para que no metiera la pata.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Me senté en el umbral y desde allí seguí mirándolas: dos que reían y una que les hacía chistes, porque las otras aún no sabían.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Recién un año más tarde, en las siguientes vacaciones, pude completar la historia.Miquel, el Ruso y el otro eran inseparables. Se habían conocido en el barco que los traía de Europa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Miquel, el que no tenía a nadie, había comenzado a decir que lo querían matar. Y se había comprado un revólver. Había dejado el trabajo, abandonado la huerta, y de noche no dormía; vigilaba con el revólver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;El Ruso y el tercero, lo justificaban ante sus familias, que no querían verlo sentado a sus mesas, con esa cara de barba crecida y mirada de loco. Eran amigos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Un día Miquel supo, o decidió, vaya uno a saber por qué, quien, quiénes lo querían matar. Y llevó al tercero a su casa. Y el martillo, y el fuego quemando la casa pira funeraria. Y el revólver en el papel de diario, y la caminata decidida hacia la casa, el taller de zapatos del Ruso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Cuando el Ruso volvió a la vida, después de meses y meses caminando, mudo y sordo, por los pasillos del “loquero”, pudo contarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Le vio cara rara, más que de costumbre, cuando entró al taller donde él estaba poniendo tacos a unas botas. Y, sin contestar a su saludo, abrió el papel de diario y le gatilló dos veces el revólver, apuntando a la cara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Las balas eran viejas, o al Ruso lo protegía un ángel, porque no salió ninguno de los dos tiros y el supo que no era una broma. Que Miquel venía a matarlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;El Ruso, bajo y fornido como un oso. Miquel alto y flaco, pero loco. Rodaron peleando, uno por su vida y el otro por la ajena, mientras las cuatro balas que quedaban en el revólver cavaban agujeros en el revoque de las paredes y el silencio de la siesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Unos vecinos ayudaron a reducir al loco y, entonces, me dijeron, José, el Ruso que era polaco, comenzó a llorar a los alaridos; hasta que cerró la boca y dejó de atender lo que sucedía a su alrededor, por muchos meses.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Los muchos, muchos meses que tuvieron que pasar hasta que preguntó por el tercero. Porque él, de alguna manera, ya sabía lo sucedido, desde el momento mismo en que Miquel comenzó a dispararle.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Eran tres hombres. Tres amigos llegados en el mismo barco. Uno, recuperó el habla y nunca más quiso hablar de lo sucedido. Otro, seguramente se sumergió para siempre en su soledad, en el asilo para dementes. El tercero, murió a martillo y traición, sobre una cama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;color:#000000;"&gt;Pero lo que más recuerdo, de esa tarde en que la muerte y la locura se me hicieron tan presentes, tan imprevisibles, tan bestias feroces que me dejaban sin defensas, son las tres mujeres en aquella esquina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;La que no sabía que era viuda, la que no sabía que era huérfana, y la que sí sabía y, a su manera, postergaba una muerte haciéndolas reír.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;(Publicado en El Comercio, de Gijón junto con “Aquemarropa”. Me di el gusto de contar una historia que hacía tiempo quería contar. Una historia a la que le “entré” varias veces, con poca fortuna, pero que me quedó por allí picando las ganas, porque en su momento, en el verano del ´58, me resultó impresionante.)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-4902442758865357900?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/4902442758865357900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/humo-en-el-verano-del-58-fueron-tres.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/4902442758865357900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/4902442758865357900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/humo-en-el-verano-del-58-fueron-tres.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So5AoaJQ2lI/AAAAAAAAApg/kUQGANASYtg/s72-c/humo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-7421486911736478142</id><published>2009-08-20T23:01:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T23:24:56.578-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Los chinos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En muchas ciudades hay un “barrio chino”, y nadie sabe por qué se lo llama de esa manera, cuando en su origen no hubo un solo chino. Más, eran tan extraños, tan otros, que se los imaginaba con coleta, retorcidas uñas de mandarín, y los ojos pintados en diagonal, como el Fumanchú en blanco y negro del cine de aventuras.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Pero tarde o temprano se opera el cambio. Un día las autoridades deciden que ese punto negro, ese fondeadero del vicio, de marginales y de pobres de todas clases, perjudica de cara al turista. Y le cambian el nombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Raval, nueve de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Carmen sale a la calle protestando. Como siempre. Que la escalera es una mugre. Que todos lo putos “yonquis” de Europa se vienen de vacaciones a Barcelona. Que un día se van a enterar, cuando se rompa una pierna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los dos hombres llevan un largo rato discutiendo, en un español áspero, plagado de frases prefabricadas, de giros que se entienden, tal vez, solo en esa esquina y a esa hora. Nadie sabe por qué discuten, ni a nadie le importa. Son escoria. Lo que queda después de una vida que se fue hundiendo en la miseria y el olvido inmediato del alcohol barato, un chute de “caballo” si cae a mano y, cuando alguien financia, algo de cocaína.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los dos son muy bajos, casi enanos. Como si no hubieran nacido para crecer, como si se hubieran reducido con los años. Los dos visten ropas deportivas donadas en alguna iglesia. Parecen niños que envejecieron mal y rápido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Carmen ¿A cuánto está hoy el polvo? -dice uno, y exhibe una risa sin dientes, que suena como si se aclarara las flemas de la garganta.&lt;br /&gt;Ella ni lo mira. No contesta. La Carmen, cuentan, fue una de las reinas del Raval, cuando todavía era el “Barrio Chino” de Barcelona. Hace medio siglo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Camina arrastrando un poco los pies. Hasta la orilla alambrada de esa construcción donde esperan las putas. Hasta el rincón de sol que nadie le pelea, porque ¿para qué? No es competencia. Ninguna quiere sus clientes de a diez euros cualquier servicio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los dos enanos parecen estar de acuerdo en algo, y dan unos pasos para asomarse a la escalera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El tipo está ahí, como un amontonamiento de ropas, tirado en el primer rellano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En la penumbra con olor a rata y fritangas brillan los papeles de aluminio requemados, y se adivinan las tiras de trapos sucios y las jeringas abandonadas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El hombre tirado tiene zapatillas casi nuevas. Uno de los enanos se queda en la puerta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So481Atsc5I/AAAAAAAAApY/3PSnHXriEUM/s1600-h/Prostitucion_Guadalajara_b.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372298286921970578" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So481Atsc5I/AAAAAAAAApY/3PSnHXriEUM/s400/Prostitucion_Guadalajara_b.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Cuando el otro sale, el caído ya no tiene zapatillas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿Qué tan enojada estas hoy, mamacita?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Todas le parecen iguales, con esas caras de otra parte, con ese color de mulatas o de indias. ¿Cubana, dominicana, brasileña? Qué más da.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Un día me voy a romper una pierna- dice la Carmen, como si fuera una amenaza- ¿Para qué se meten mierda si les hace mal? ¿Por qué no se quedan en su casa? ¡Extranjeros!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La otra sonríe solo con la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Carmen no usa reloj. ¿Para qué, si lo que sobra es tiempo? Pero sabe cuando tiene que tomarse una cerveza. Cuándo es conveniente desaparecer por un rato. Ahora.&lt;br /&gt;En el extremo opuesto de la alambrada dos travestis acorralan a la ¿Laura? Tal vez se llame Laura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tiene la ropa sucia, de dormir sobre cartones en cualquier parte. Más allá, cerca de la esquina, se hace el tonto su amigo de esa noche. Seguro que se les terminó el dinero para seguir con el vino, y la Laura quiere ganarse algo con una mamada rápida. Sólo que no sabe. No es del oficio. Nunca en la zona de los travestis. Son gente mala. De navaja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Arrastrando los pies la Carmen entra en el bar pegado al “todo a cien” de los paquistaníes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los enanos beben acodados y le hacen un chiste, que no escucha y no contesta.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El hombre del mostrador fue su cliente durante años. Ya no. Pero le fía la copa, a pagar algún día.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿Sabes que me han hecho estos putos moros? -le dice.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Duda. Pero el gesto es claro: los paquistaníes también son “putos moros”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Ahora venden cerveza en lata ¡A casi nada y fría!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Este barrio ya no es lo que era…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¡Y que lo digas!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Uno de los enanos le ofrece un cigarrillo, la boca torcida en una sonrisa de conquistador. Ella sabe. Se quiere transar un polvo gratis. Toma el cigarrillo y luego lo ignora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El enano soporta la derrota y las risas sucias de su amigo.&lt;br /&gt;Por la vidriera pegoteada de anuncios puede ver la alambrada de la obra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Laura se aleja casi a la carrera. Dos hombres delgados, de piel mate y ropas nuevas, tal vez argelinos, hablan con los travestis. Laura escapa de esos hombres. Si los travestis a veces entienden y dejan pasar, esos hombres no.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los travestis ríen. Los hombres sólo sonríen. Son gente seria. De eso va la cosa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Las otras mujeres se agrupan como un rebaño amenazado, como si de pronto hubieran tenido ganas de charlar. También hay una rusa, la única rubia. O rumana. ¿Qué más da? Tienen miedo.Once de la mañana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Carmen despierta sobresaltada. Le suele pasar muy seguido, en los últimos tiempos. Se queda dormida sobre la segunda cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El coche de la policía avanza sin prisa. Son dos los uniformados. Uno muy joven, el otro no tanto. Miran con cara de rutina, para ocultar la curiosidad o el aburrimiento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El coche no se detiene, y cuando deja atrás la alambrada de la obra, los travestis y las putas han vuelto cada uno a su sitio, a la espera del cliente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Carmen mastica el trozo de tortilla que su amigo le ha arrimado en un plato. Tiene sabor a viejo, pero lo peor es que luego tendrá que lavar la dentadura postiza, antes de que los restos se le pudran en la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Sale a la calle. Hay que ganarse el pan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En el portal junto a su escalera están reunidos. Los conoce a casi todos. Una caja de vino circula de una a otra mano, mientras la Laura lloriquea una historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En su sitio de la alambrada el sol pega sin piedad. Le suda la cabeza y sabe que si sigue el calor la tintura empezará a chorrearse.&lt;br /&gt;Una de las mulatas, muy joven, vuelve del hotel por ratos. Por la cara que trae, le tocó un cliente difícil.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Los hombres son unos asquerosos, hija -dice la Carmen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Si usted supiera señora…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;No sabe si le gusta que la llamen “señora”. Tampoco le gusta ese cantito dulzón con que la otra se queja. No es de los suyos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¿Los suyos? Algo parecido es el grupo del portal junto a su escalera. Son todos españoles. Vuelve.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Una mirada le basta para saber que el tipo sigue allí, tirado en el primer rellano. Nadie ha llamado a la policía. Pero ya lo harán. Cuando se cansen de que estorbe el paso. Que se lo lleven al hospital o a la cárcel, da lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Laura dice algo y su amigo de esa noche se levanta y le cede el umbral para que se siente. La Carmen empina el cartón de vino, y se dice que cuando baje el sol volverá a la alambrada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Alguien cuenta un chiste viejo, muy viejo, y lo festejan con voces cascadas. Entonces otro toma la posta, y vuelven a reír. Pero no la Carmen. Ella tiene sueño otra vez, y por un instante la calle se llena de noche, de luces y de fiesta en el barrio chino, donde se mezclan las voces de media España. Sin contar a esos tres marineros que.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Pero sabe que eso es una trampa de su cabeza y se sacude. Que no se puede dejar. Que tiene que aferrarse a lo de afuera. Y abre los ojos recontando existencias.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Ante el “todo a cien” conversan un par de paquistaníes. ¿Son moros los paquistaníes? Esos chicos que corren detrás de una pelota tienen cara de negros y de japoneses, todo al mismo tiempo. ¿Qué coño hacen tantos filipinos en el Raval? Seguramente sus padres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Uno, dos, tres grupos, cada uno en su negocio, en su manera de vivir el tiempo. Esos jóvenes, con joggins, cadenas de oro, peinados brillantes, parecen gitanos, pero no. Hablan en moro ¿o será en paquistaní, o en hindú? ¿Como Mata Hari? Ella hizo de Mata Hari en un “burlesque”; salía en pelotas y con los ojos muy pintados de azul. La aplaudían, y pagaban muchas pesetas por tirársela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En el tercer grupo hay un par de viejos vecinos. Los demás son, deben ser, ecuatorianos. Sólo beben cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los dos argelinos pasan sin prisa y, sin detener el paso, echan una mirada a la escalera. Al tipo como un montón de trapos en el rellano. Algo más allá se cruzan con el viejo Hassim. Lo conoce. Nunca fue su cliente. Es musulmán, pero persona respetada. Llegó cuando todavía el barrio chino no había sido invadido. Hablan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Hassim saca un teléfono del bolsillo y hace una llamada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Laura se empeña en defender al hombre callado. Los demás conceden que hay algunos buenos, pero que los del Este son una mierda. El hombre hace un gesto y quiere hablar. Un sonido extraño, ahogado, chirriante le sale de la garganta. Tiene una cicatriz que le corta el cuello de oreja a oreja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Es croata ¡pero buena persona! –dice la Laura.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El croata ¿de dónde son los croatas? tenía sus negocios, como cualquiera. Pero una noche lo cortaron para matarlo, de oreja a oreja. Y quedó aterrado y mudo para siempre. Ya no tiene amigos del Este y al grupo que se junta en ese portal le da igual. No molesta. No es como los otros, los que no respetan y se adueñan de todo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Nos están acorralando- piensa la Carmen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Dan las doce en el Raval.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El coche de la policía esta vez se detiene. Descienden los dos y entran en la escalera. Uno de ellos lleva la mano sobre la pistola, por casualidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Los dos enanos los observan desde la puerta del bar con ojos de espiar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Salen. El policía más joven se ve muy pálido. El otro hace una llamada con su “handy”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Afirmativo, hay un muerto. Informa. No, no lo hemos movido, pero por la sangre parece que le dieron un par de puñaladas. Tiene cara de extranjero, tal vez ruso, o alemán. Sí, quedan a la espera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Uno de los enanos se pega a la pared y se aleja sin correr, lo más rápido que puede. El otro se acerca a los policías. Tiene ganas de colaborar. Siempre puede ser una ventaja. Les dice algo y señala en dirección a Carmen.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La Carmen suspira con cansancio. Será un día muy largo. Tal vez le den de comer, allí donde la lleven.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Putos extranjeros- murmura, mientras ve como se queda sola, porque la Laura y los otros se muestran más borrachos de lo que están y comienzan a caminar calle abajo. Las mulatas han desaparecido. Los dos travestis se acercan a curiosear. Esos tienen sus papeles en orden. La calle se está vaciando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;No quiere escuchar, pero no puede evitarlo, porque la sangre le circula a mil.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Parece española -dice el policía joven.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Da igual -deja caer el otro- aquí son todos chinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;(Publicado en el libro gratuito editado por Semana Negra 2007 con el título “Los otros”. Cada uno tiene su otro, diría Jean Genet.)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-7421486911736478142?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/7421486911736478142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/los-chinos-en-muchas-ciudades-hay-un.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/7421486911736478142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/7421486911736478142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/los-chinos-en-muchas-ciudades-hay-un.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So481Atsc5I/AAAAAAAAApY/3PSnHXriEUM/s72-c/Prostitucion_Guadalajara_b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-670345246179988235</id><published>2009-08-20T22:39:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T23:01:11.448-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;Delicias conyugales de los humanos&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;o los héroes no sirven para una mierda&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;DÍA. SALA DE UN PISO DE CLASE MEDIA DE BAJOS RECURSOS. EN EL CENTRO DE LA SALA HAY UN SOFÁ. EN EL SOFÁ DUERME UN HOMBRE TAPADO CON UNA MANTA. LE VEMOS SOLO LA NUCA.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;EN ALGÚN LUGAR DE LA CASA, SEGURAMENTE EL DORMITORIO, SUENA UN DESPERTADOR INSISTENTEMENTE Y EL HOMBRE, MOLESTO, SE TAPA LA CABEZA.ALGUIEN LO APAGA Y, TRAS UN MOMENTO, ENTRA A LA SALA UNA MUJER CERRÁNDOSE EL CINTURÓN DEL SALTO DE CAMA.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;ES UNA MUJER DE TREINTA Y ALGO, QUE CRUZA DE DERECHA A IZQUIERDA CON CARA DE MUY MAL DORMIDA.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: &lt;em&gt;(Se detiene al rebasar al hombre y dice con voz empastada por el sueño)&lt;/em&gt; A ver si te levantás alguna vez. El día no es para dormir...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Desaparece por izquierda y se oyen ruidos de cocina) (La mujer retorna a escena bebiendo una taza de café) (Da unos pocos pasos y se detiene a mirar al hombre acostado, mientras va cargando rabia) (El hombre, hasta el final, reaccionará ante lo que diga la mujer cambiando de posición, sin mirarla, la cara vuelta hacia el respaldo del sofá)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: &lt;em&gt;(Furiosa)&lt;/em&gt; ¡Te vas a levantar, de una puta vez! &lt;em&gt;(Silencio) (Pausa)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;¡Vago! No sos más que un vago... ni dormir en el sofá te hace entrar en razones a vos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Caminando rápido, con movimientos violentos, abre la ventana, busca dónde dejar la tacita del café, y termina por volver a la cocina)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Pausa)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(La mujer retorna con una aspiradora que enchufa en algún lugar y pone en marcha con malevolencia.) (Empuja la aspiradora hasta el sofá y se dedica a pasarla por el piso sólo en esa zona. La aspiradora hace un ruido infernal. El hombre no reacciona.)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: &lt;em&gt;(Gritando por sobre el ruido)&lt;/em&gt; ¿Estás muerto? ¡Dame una alegría en la vida y decime que estás muerto! &lt;em&gt;(El hombre acostado hace un movimiento, como para contradecirla, y ella choca varias veces la aspiradora contra el sofá.) &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So43LSJeIMI/AAAAAAAAApQ/wfFjdtxPRK0/s1600-h/mujer_gritando.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372292072489230530" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 300px; CURSOR: hand; HEIGHT: 350px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So43LSJeIMI/AAAAAAAAApQ/wfFjdtxPRK0/s400/mujer_gritando.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: ¡Perdón! Perdóneme su majestad, pero hoy no sé lo qué me pasa...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(De golpe la aspiradora deja de hacer ruido. Ella apela a los botones de puesta en marcha, pero el aparato no responde. Se pone furiosa, tironea del cable, empuja la aspiradora hasta el enchufe y lo revisa, vuelve a probar con los botones. Pero la aspiradora no anda.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Mujer: &lt;em&gt;(Verdaderamente desesperada)&lt;/em&gt; ¡Mierda, mierda, mierda! Otra cosa que no anda. Se rompió el televisor, el frigorífico sirve sólo para el invierno, nos cortaron el teléfono... Y vos, como si nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Durante la escena que sigue, la mujer camina hacia uno y otro lado, se ve que tiene ganas de agredir al hombre acostado, pero se contiene, saca cigarrillos del bolsillo y fuma uno detrás de otro)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: ¡Claro...! El señor está para grandes cosas... Pagar la luz, el gas, el alquiler del piso, ¡comer! es de gente con poco vuelo. &lt;em&gt;(Se señala con el dedo)&lt;/em&gt; ¡Para eso está la tarada! Me mato trabajando, y todo para nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¿Por qué no podemos ser como todo el mundo? Yo no digo que tengamos una limousine, pero un coche, económico, de segunda mano, para ir de picnic los domingos ¿por qué no? ¿Por qué no podemos tener un coche, como todos los vecinos? ¡Porque el señor no gana un puta moneda! ¡Por eso!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;No, no, no... no me digas que no lo necesitamos, callate la boca que ya estoy hasta el moño de tonterías. Un coche no es solamente para ir de aquí para allá, entendés... un coche es algo más, es... ¡qué estoy haciendo! Si sos incapaz de entender lo que digo. &lt;em&gt;(Grita)&lt;/em&gt; ¡Marciano! ¡Marciano, marciano, marciano...!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(Se deja caer sentada sobre uno de los brazos del sillón que está a los pies del hombre acostado) (Tiene un ataque de piedad por sí misma.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Y yo que me casé con tanta ilusión... Había encontrado mi príncipe azul, el único que había en el mundo... ¿Todo para qué? Para no tener nada de lo que tienen mis amigas. ¡La gente normal! Una familia, una casa en la costa para las vacaciones, una hipoteca, un hombre que me haga caso... ¿Y qué conseguí? ¡Esto!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(Monta otra vez en cólera)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡No tengo casa, no tengo vacaciones, no tengo televisor! ¡No soy nadie! ¡Ni marido tengo, porque el señor anda de aquí para allá como Don Quijote, arreglando el mundo!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¿Decime, pedazo de estúpido, vos nunca leés los diarios? El mundo no tiene arreglo, infeliz. Hay que dejar de hacer el gilipollas y pensar en uno. ¡En uno mismo, marciano!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡Sí, eso es lo que sos! ¡Marciano, marciano, marciano!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Tanto sacrificio, tantos problemas con todo el mundo para casarme con vos, ¿y todo para qué? Para nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡Si, sí, sí; para nada! Ni un gesto de cariño, ni un segundo en que te preocupes por mí. ¿Sabés cuando hace que no tengo un orgasmo con vos? ¡Mil años! ¡Diez mil años! ¡Ja! ¡El “hombre de la verga de acero”! ¡Ja! Pero si es como los conejos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Hace un significativo gesto de mete y saca con un dedo en el aire)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡Chiki, chiki y ya está, a dormir! ¿Y yo? ¿Qué soy? ¿Una muñeca de goma? ¿Dónde aprendiste a hacer el amor? ¿Por correo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡Ya sé, ya sé! No me digas nada porque tus argumentos me los conozco de memoria. Que vos sos distinto, que tenés muchas preocupaciones por la humanidad, y que... que... ¡que la puta madre que me parió! ¡Yo soy humana! ¿Me entendés?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(Se acuclilla ganada por el llanto.)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Necesito un poco de cariño, que te preocupes un poco por mí... ¿Cuándo una caricia para que tenga un orgasmo como cualquiera? ¿Cuándo me vas a regalar algo bonito? Aunque no sea caro. Unos pendientes... un turno en la peluquería, que mirá cómo me tenés... un televisor que funcione para cuando estoy aburrida... Una aspiradora nueva...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(El tema de la aspiradora actúa como revulsivo y retorna a la rabia del principio. Retoma la caminata en torno al sofá.)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¡Una podrida aspiradora con dientes, para triturarte el culo! ¡Vago, más que vago! &lt;em&gt;(Grita)&lt;/em&gt; ¡Fracasado! Eso es lo que sos: ¡Un fracasado!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Afuera, en la ciudad, suena una sirena) (El hombre levanta la cabeza y, cuando vuelve a sonar la sirena, arroja la manta y se pone en pie. Es Superman, con su capa y todo lo demás.) (Superman trota hasta la ventana y se para en el marco, para volverse un instante con gesto de héroe.)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Superman: No me esperes para comer, quizás me retrase. ¡El deber me llama!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(Se lanza y sale volando)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Mujer: &lt;em&gt;(Se deja caer en el sofá derrotada)&lt;/em&gt; ¡Madre! ¿Por qué tuve que casarme con Superman? ¡Por qué tuve que casarme con Superman!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;strong&gt;(Mi amigo Grafolito del Duraznero, también conocido como el gusano de la manzana, escribe “teatro social”. Lo que sigue es una pieza corta que el tipo escribió, por pedido, para un espectáculo feminista. Por razones que serán obvias, no llegó a la escena.)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-670345246179988235?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/670345246179988235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/delicias-conyugales-de-los-humanos-o.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/670345246179988235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/670345246179988235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/delicias-conyugales-de-los-humanos-o.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So43LSJeIMI/AAAAAAAAApQ/wfFjdtxPRK0/s72-c/mujer_gritando.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-3103513679761176574</id><published>2009-08-20T13:02:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T13:45:35.938-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Una filosa daga veneciana&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Regresé a Buenos Aires por un trabajo. Encuentro lo que no se perdió, y lo restituyo a quien me contrata. Soy un especialista que no figura en las guías de profesionales. ¿Conforme?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En este caso me habían adelantado una pequeña fortuna, sin regateos. Lo que siempre significa que la cosa apesta, o que alguien está desesperado. Cuando nos vimos en un café de Montmartre para ajustar el acuerdo, a mi cliente, el más reputado erudito sobre vida y obra de Leonardo Da Vinci, le temblaban las manos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tipo, pongámosle “XXL” porque era muy gordo, aseguraba que el último integrante de la comuna anarquista del barrio de La Boca tenía un tesoro. Unos papeles de Leonardo que darían al carajo con todo lo que se sabía de su vida hasta la fecha. Y yo tenía que conseguirlos, como fuera –por derecha o por izquierda, por persuasión o silenciador- para entregárselos en el menor tiempo posible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si de verdad había un “tesoro”, ya se vería si se lo entregaba o hacía el negocio por mi cuenta. Siempre fui partidario de la iniciativa privada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo cierto es que cuando llegué a la dirección que tenía, los restos del incendio ya se habían enfriado. La casona de ladrillo, madera y chapa canaleta se veía pintada por el humo, y un revoltijo de papeles y ropa quemada se mezclaba con los derrumbes. Para colmo llovía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Frente a la casa había un bar, y en el mostrador un gallego aburrido que, con una consumición generosa y hablarle de la Coruña, me abrió su corazón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sí, el último habitante era un “bicho raro”, pero buena gente. Se tomaba su vermut antes del mediodía y su cafecito por la tarde. Era italiano, o hijo de italianos; pero hablaba poco. Vivía de unas historietas sobre inventores y jugadores de fútbol anarquistas, que vendía a la salida de la cancha de Boca. No vaya a creer, parece que en Europa le iba bien con las historietas, viajaba muy seguido. ¿Qué quiere que le diga? Como todo el mundo... Más o menos así de altura, canoso, con barba corta. Lo que más impresionaba era la mirada. Como de loco inteligente, no sé si me explico. No, el cuerpo no lo encontraron, capaz que estaba de viaje o se quemó con el incendio. Esas cosas suceden todos los días; con estas casas tan viejas qué se puede esperar...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando el patrón hizo la pregunta inevitable:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿El señor es pariente...?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me cubrí para lo que tenía que hacer:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Soy profesor adjunto de la Universidad de Salamanca, investigador en el Departamento de Cómic Latinoamericano.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tipo redondeó la boca en un “¡hostia!” silencioso y me convidó con un orujo de su tierra. No estaba mal, aunque, estoy seguro, lo había destilado en el patio de atrás.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En otoño nunca se sabe cuándo va a parar la lluvia, pero alguna vez lo hace. Así que maté el tiempo llenando de embustes la cabeza del cantinero, no quería que llamara a la policía cuando me viera hurgar en los escombros. No me costó nada. ¿Quién no es un especialista en historietas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al fin el sol asomó indeciso y pude comenzar la búsqueda, descartando lo que estuviera muy a la vista. No voy a cansarlos con datos innecesarios, ni quiero avivar giles. Un profesional sabe todas las trampas que hace el cerebro humano para esconder las cosas importantes. Así fue que encontré el cuaderno, cuando ya estaba tiznado y pringoso como una docena de carboneros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me alejé del barrio con el viento que soplaba del Sudeste. Para los que no conocen La Boca diré que es como Venecia, pero sin agua. Salvo cuando sopla la sudestada. Las calles son canales y las veredas suben y bajan escaleras para alcanzar las puertas de las casas. Cuando sopla el viento del Sudeste el mar contradice al Río de la Plata, y el río se la agarra con el barrio. Hasta el Titanic se vería en apuros en esas calles invadidas por la correntada.&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2v54fKShI/AAAAAAAAApI/WH8vv2mUa3c/s1600-h/bicileo.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372143339473357330" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 167px; CURSOR: hand; HEIGHT: 281px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2v54fKShI/AAAAAAAAApI/WH8vv2mUa3c/s400/bicileo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el incendio la casa había perdido el frente. O sea que, si entraba la inundación, borraría hasta el último rastro. Tenía que apresurarme a estudiar lo que me llevaba, por si era necesaria una segunda búsqueda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Regresé al hotel caminando, porque ningún taxista me hubiera dejado subir a su auto, hecho una mierda como estaba. Bajo el brazo llevaba el cuaderno. Historietas no agarré ninguna, y es el día de hoy que lo recuerdo y me duele el estómago.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un rato más tarde, bañado, perfumado y con un wiscacho a mano, abrí el cuaderno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dos ratos más tarde lo cerré, con una sola cosa clara: si no se trataba de una locura monumental, podía ser el negocio del siglo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Encargué dos pizzas, una botella de wisky y cualquier antiácido que tuvieran a mano; tenía una dura noche de trabajo por delante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Afuera, el viento del Sudeste soplaba constante, pero suave, lo que me daba esperanzas de no tener que correr contra esa fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;AEROPUERTO DE EZEIZA, BUENOS AIRES. SALA VIP.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;El hombre aguarda la llamada para embarcar, dibujando máquinas imposibles en una libreta de bolsillo.El sonido de los tacos altos le hace levantar la cabeza, en coincidencia con la de todos los hombres y mujeres de la sala. El único que no manifiesta avidez o envidia es un ciego, que fuma y fuma, amarrado a su bastón.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Esa pelirroja endiablada no existe. Está demasiado bien para ser cierta; pero, sin embargo, sus pasos la conducen hasta el sillón donde está el hombre y se sienta a su lado.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- ¿Otra vez de viaje?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Mientras me pague mis pasajes no veo qué tenés que decir...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- ¡Es que ya me parezco a ese maldito Papa! ¡Como maleta de loco, de un lado para el otro!El .-Tranquila, piba, que vos estás mucho más fuerte que ese pobre “jovato”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Ella trata de contener su mal humor. Abre la cartera y saca un cigarrillo. Veinte encendedores se le ofrecen. Ella pasea una mirada de asco que apaga todas las llamas, y aspira un cigarrillo que se enciende solo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Esa es otra cosa que me pone de los nervios: que te hayas vuelto tan porteño. ¿A que eres capaz de cantar un tango?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Nunca. Un buen porteño no sabe un solo tango entero. Se te aparecen de a cachitos, cuando la suerte que es “grela” te maltrata fulero. Hay que ser extranjero para saberse la letra completa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- &lt;em&gt;(Con rencor tanguero)&lt;/em&gt; ¡Ja! ¡Un gaucho italiano!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Error: Italia no se había inventado, y a esta altura soy ciudadano del mundo. ¿Trajiste tu pasaporte? ¿O vas a volar en escoba?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La pelirroja aplasta con violencia su cartera contra el suelo, y se yergue como un furioso sueño lúbrico, para gritarle:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- ¡Ya me tienes hasta el copete! ¡Lo último que voy a tolerar es que me llames bruja! ¡Verdugo, macarra, maltratador de mujeres!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Varios pares de ojos masculinos se indignan en consonancia y hay movimientos vindicativos. Unos son retenidos por sus conjugues. Los que no tienen quien los sujete se quedan en el molde. No vaya a ser que todavía liguen algún sopapo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- (&lt;em&gt;Incómodo)&lt;/em&gt; Tranquila, Colorada, no le demos de comer a las fieras.La pelirroja se recompone, se sienta y se da un tiempo para encender otro cigarrillo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Te vas a matar fumando tanto...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Hoy estás gracioso, tío&lt;em&gt;...(Breve silencio)&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- &lt;em&gt;(Bajando la voz)&lt;/em&gt; Leonardo, tienes que renegociar el contrato...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Nones...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Eres un hijo de puta...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Comienza a llorar silenciosamente, y los ojos de los presentes apuñalan al hombre por provocarle esa congoja.El la toma por los hombros y le presta su pañuelo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Me haces sufrir tanto...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Colorada, un contrato es un contrato...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La pelirroja se enfurece, muerde el pañuelo y se lo devuelve reducido a tiritas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Sabes bien que me irrita que me llames Colorada ¡Pintamonas!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- ¿Y cómo querés que te llame? ¿Satanás, Belcebú...? ¿Después de tantos años de sociedad?Ella .- &lt;em&gt;(Dispuesta a ceder)&lt;/em&gt; Mira, hagamos un acuerdo. Tú sabes que tienes fama de maricón. Si negociamos el contrato hago aparecer pruebas de que te follaste a media Florencia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- &lt;em&gt;(Con una sonrisa carnívora pasea la lengua por los labios)&lt;/em&gt; ¿Su majestad tiene algo de qué quejarse?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;La pelirroja se ruboriza como una colegiala más bien perversa, y duda entre agarrarlo a patadas o ponerse otra vez a llorar. No hace nada de eso. Se recuesta en el sillón y dice con voz cansada:Ella .-No tendría que haberte aceptado esa apuesta.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- ¿La verdad? Yo tampoco pensaba que la podía ganar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Era mucho más probable que la gente volara... ¿Quién podía creer que se iban a subir a ese invento tuyo, para pedalear como unos gilipollas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Ya ves... no hay límites para el asombro. Y ya es hora de que lo llames “bicicleta”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Lo que no tiene límite es el ridículo. ¡Bicicleta! Si hasta el nombre parece de guasa. Y yo... ¡esperando como una idiota a que me entregues el alma cuando te aburras!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Una voz femenina avisa por los parlantes que los pasajeros deben embarcar.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Ya me tengo que ir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- ¿Al tío que le toca ahora, ya sabes dónde encontrarlo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Sí, es de costumbres rigurosas. Todos los jueves por la tarde va al Louvre.Los dos caminan unos pasos y se detienen para mirarse en silencio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El .- Sabés que no me gustan las despedidas, Colorada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ella .- Esto no es una despedida, mi rey. Reservé habitación junto a la tuya. Nos vemos en París.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Le da un beso corto, como un picotazo de fuego y se aleja arrastrando una cola de sueños deshechos; miradas de pasajeros que perdieron las ganas de viajar.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Desperté sobre el mediodía, con la convicción de que algo se había jodido. El sueño, y los ojos agotados por tanto esfuerzo, me habían vencido poco antes de que amaneciera. Tenía que regresar a La Boca, urgente, porque había perdido un tiempo precioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras saltaba como un orangután con una pata dentro de los vaqueros y la otra buscando a tientas, abrí las cortinas de la ventana y se confirmó mi mala suerte: la sudestada sacudía con rabia los viejos árboles de Paseo Colón. Lo único bueno era que no llovía, pese a que el cielo era una sola y pesada nube de tormenta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando llegué a las fronteras de La Boca, de acuerdo con mis peores presunciones, las aguas color de león invadían todo a paso de gimnasta.¿Retroceder? ¿Darme por derrotado? Eso nunca. Si había una, mínima, posibilidad de indagar en lo que quedaba de la casa, lo tenía que hacer: necesitaba una fotografía del último ocupante.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por lo que había descifrado la cosa no era un juego. Estaba ante un asesino serial, un loco mesiánico que iba de una punta del mundo a otra eliminando gente con ciertas características: las mismas de “XXL”, mi -ahora lo comprendía- aterrado cliente; que sabía más de lo que me había contado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me interné en el barrio, apelando a las escaleras y veredas altas cuando podía; vadeando calles, con el agua cada vez más profunda a medida que me acercaba a la parte baja. Pero, como en el peor de los tangos, la vida arrasó mis ilusiones.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La casa quemada había sido invadida por el agua barrosa, que seguía creciendo como un nuevo diluvio, sin Noé que me salvara.Bueno, eso no es tan cierto; tuve mi Noé.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estaba insultándome por dormilón, con el agua al pecho, cuando un grito de alarma me despertó a la realidad:-¡Profesor! ¡Cuidado profesor, que lo cachan los bomberos!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me salvaron los reflejos de una vida difícil. En fracciones de segundo registré y evalué la situación: de un lado, asomando la cabeza por el agujero que dejaban los tablones que tapiaban la puerta del bar, el gallego que me gritaba con los ojos fuera de las órbitas. Al frente, un lanchón de salvamento de los bomberos, cargado de gente al tope, que había dado vuelta en la esquina y apuntaba a mi cabeza, avanzando con los motores a todo gas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eran pocos metros, pero los nadé como si escapara de un tiburón blanco. Cuando hice pie en el tramo de escalera bajo el agua, me alcanzó la marejada que levantaba la lancha, y me aplastó contra la pared como una palmeta a una mosca. Medio inconsciente, escuchando cumbias y carcajadas, trepé lo que me quedaba hasta el fortín del gallego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El hombre retiró uno de los tablones superiores y pude refugiarme en la seguridad de su bar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Qué pasó...? –dije. Porque muchas veces estuve dado vuelta, pero escuchar cumbias y risas nunca me había sucedido.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Que se salvó cagando aceite, profesor. Si lo agarran me lo hacen “patefuá”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Esos criminales eran los bomberos?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No, es una costumbre del barrio ¿sabe? Les roban el lanchón de rescate y se arma una fiesta que ríase de los carnavales. ¿Me da una manito, profesor?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ayudé al gallego a terminar de tapiar la puerta, y ahí caí en cuenta de que la única ventana ya estaba sellada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Usted piensa que el agua va a llegar hasta acá arriba?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Y que lo diga! Más también... Venga –dijo- que ya está por pasar la “Carrera de la Sudestada”.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo vi trotar hasta el mostrador, apagar las luces y con una botella de orujo casero en la mano, trepar por una estrecha escalera de caracol.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos asomamos al pretil de la terraza -solo para comprobar que la casa quemada se deshacía de a poquito- y alcanzamos a darle un par de besos al orujo, cuando los dos botes desembocaron a unos cincuenta metros; cabeza a cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los botes avanzaban como tortugas agonizantes, a favor de la corriente, y al impulso de dos remeros matusalénicos, que podía escuchar como jadeaban a pesar del ruido del viento.&lt;br /&gt;El gallego me adivinó, porque dijo, melancólico:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Son los últimos que quedan del Club de Remeros de La Boca. Cuando lo fundaron eran como cien, pero se fueron muriendo, y la falta de vocaciones... así estamos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No pude comentar nada, porque el cantinero arrancó a los gritos, alentando a los competidores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Vamos, chaval, que ya lo tienes! ¡No le aflojes!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los viejos, los dos, sonrieron hacia la terraza, amagaron un “gracias” con la cabeza, intercambiaron una mirada de odio, y se volcaron sobre los remos. Supongo que hubieran seguido así, rema que te rema hasta la próxima sudestada, si no se les cruzaba la tragedia al llegar a la esquina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue todo muy rápido. Bajo la inundación había saltado una tapa de los desagües, y el remolino giraba tragándose toda la mugre que se le ponía a tiro. El bote de la derecha no tuvo fuerzas para escapar de sus garras, y en el giro enloquecido el remero cayó al agua, y desapareció en un parpadeo. Por un instante pude verlo, proyectado como un “hombre bala” por las cloacas, hasta terminar en medio del río.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Joder...! –dijo mi compañero.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y nos quedamos mirando la cara de desamparo del otro remero, más solo que la una, en un bote ya sin sentido, arrastrado por la inercia de las aguas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con el gesto bronco del que sabe que un macho no llora, aunque le cueste, el gallego se mandó un trago largo y me pasó la botella. Yo hice lo mismo. Uno puede permanecer indiferente ante un fusilamiento, pero asistir a la muerte de una tradición es demasiado para cualquiera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Profesor, tengo que irme –murmuró. Para agregar, con un gesto que lo decía todo - ¡Joder...!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-La vida sigue...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Le dejo la botella, que usted la necesita más que yo.Agradecí porque tenía razón. Con la ropa empapada y el viento frío iba camino a una gripe de campeonato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo vi alejarse, pasando de azotea en azotea, de techo en techo, caminando por las cumbreras con las manos en los bolsillos, hasta que se perdió entre los edificios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la calle, el agua había trepado hasta unos palmos de la terraza. La casa quemada ya no se veía, y yo había fracasado. Para colmo de males, se largó a llover.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sabía si el rumbo que había tomado el gallego me salvaría del diluvio, pero copié sus pasos. Lo que sí sabía era que no tenía una puta foto del asesino serial, y tampoco podía comunicarme con mi cliente, porque se me había ahogado el teléfono móvil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Toda la noche machacándome para decodificar palabras de un zurdo, escritas para el espejo, inútilmente; sin remate.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El tipo, el autor del cuaderno, el cuerpo ausente en la casa quemada, se creía Da Vinci, y andaba por el mundo asesinando especialistas en el gran Leonardo. Un párrafo, que recuerdo de memoria, justificaba sus actos:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“Nunca descubrí nada que no estuviera allí, a la vista de todos. Sólo hay que abrir los ojos, y ver. Los especialistas, los que me inventan genio por sobre todos los mortales, ajustan la venda para que el Hombre no vea y se crea ciego. Suprimirlos despeja el camino hacia la sabiduría.”&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y había una lista de nombres y fechas de fallecimiento, algunas remotas, en la que, al final, aparecía el nombre de “XXL”, y una anotación críptica que luego cobraría sentido: Louvre, Jueves/ tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MUSEO DEL LOUVRE. SALA DE LA GIOCONDA. JUEVES.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Un hombre gordo perora sin descanso -admirándose a sí mismo- sobre la sonrisa de La Gioconda. Los turistas escapan como pueden, uno a uno, hasta que queda una sola persona escuchándolo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“XXL” .- ... nadie más que el Grande, el Magnífico Da Vinci, podía congelar en esa ambigua boca, todo el misterio del arte y la ontología humana. ¡Era más que humano! ¿No le parece, señor?Leonardo .- &lt;em&gt;(Quiere darle una oportunidad)&lt;/em&gt; Usted no piensa que fuera un semidiós, ¿verdad?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“XXL” .- ¡Más que eso! ¡Era Dios encarnado!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Leonardo .- &lt;em&gt;(Acepta la evidencia&lt;/em&gt;) Ya, lo entiendo... Sabe, soy mecánico, pero con inquietudes. ¿Le molesta si lo acompaño, para escucharlo y aprender un poco?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;“XXL” .- ¡Faltaba más! Con mucho gusto, mi amigo. ¡Con mucho gusto!El gordo se adelanta, seguro de que su fiel oyente lo seguirá donde vaya, sin parar de hablar del Genio Mayor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Leonardo acaricia en el bolsillo el aparatito, no más grande que un paquete de cigarrillos, que –si funciona, sus inventos siempre se empeñan en no funcionar- convertirá al gordo en una cagarruta de gallina. Por las dudas, terciada bajo la chaqueta, lleva lo seguro, una filosa daga veneciana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;(Este relato fue publicado en el volumen que Semana Negra dedicó a Leonardo Da Vinci, como loco hermano en la creación. Hay pruebas de que Leonardo entre tanto ingenio que nunca llegó a funcionar, inventó o al menos pensó, la bicicleta. También hay más de uno que refuta esa posibilidad.Me gusta creer que es cierto; porque me gustan las bicicletas.)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-3103513679761176574?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/3103513679761176574/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/una-filosa-daga-veneciana-regrese.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/3103513679761176574'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/3103513679761176574'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/una-filosa-daga-veneciana-regrese.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2v54fKShI/AAAAAAAAApI/WH8vv2mUa3c/s72-c/bicileo.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-298435265941795383</id><published>2009-08-20T12:38:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T12:56:53.210-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;El loco se gana el pozo&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El pozo es un agujero negro. Un agujero que apesta como “el infierno”, cuando abren las ventanas para ventilarlo, y cambiarle el aserrín del piso en cada mañana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No sé para que tiene ese cartel sobre el mostrador, “prohibido escupir en el suelo, ordenanza municipal número tanto”, si después el aserrín es una tentación. Ni sé quién se gastó en el nombre, “Bar San Miguel”, si para los de siempre es “el infierno”. Tampoco sé por qué me quedo pensando en esas cosas, cuando otra vez llovizna y me estoy mojando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Miro otra vez, porque quiero llevarme esa imagen conmigo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es todo lo que queda del Loco: un pozo quemado, sin dueño, donde ya empiezan a pudrirse los desperdicios de todo el vecindario: papeles, envases de plástico, peladuras que huelen a fruta podrida.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y la lluvia. La lluvia haciendo una sopa del aire. Y la tierra hediendo ese olor a muerto y pólvora quemada. Esa peste de miedo viejo.&lt;br /&gt;Mojarra arroja el cigarrillo mojado sobre el montón de basura, y se le ocurre que al Loco Ojeda tal vez le hubieran gustado algunas flores. Aunque nunca se sabe. Los “quebrados” como el Loco Ojeda son siempre son unos sentimentales, pero no se atreven a reconocerlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Seguro que en vez de flores me pedía un cigarro y un litro de vino...- murmura Mojar&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2psWzgMRI/AAAAAAAAApA/R9XNdOFQngk/s1600-h/llovido.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372136510023807250" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 463px; CURSOR: hand; HEIGHT: 239px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2psWzgMRI/AAAAAAAAApA/R9XNdOFQngk/s400/llovido.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;ra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Quizás la próxima vez, piensa. Si se anima a volver. Con flores o sin flores.&lt;br /&gt;La lluvia se larga con todo, y ya no tiene excusa para permanecer allí, mirando el pozo quemado. En cualquier momento un vecino puede llamar a la policía.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mojarra se levanta el cuello y vuelve los pasos hacia la estación del tren. Sin quererlo se le escapa un “cháu, Loco”. Lo llena de un pudor que le resulta ajeno, y da un par de saltos para alcanzar la vereda embaldosada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En menos de una hora estará a salvo en la villa miseria, tomando mate con el ruido del agua sobre el techo de chapa. A la espera de que algún conocido venga a buscarlo para un trabajo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin darse cuenta tantea el revólver entre el pantalón y el calzoncillo, y un escalofrío lo sacude como a un perro mojado. El baldío quemado que deja atrás es un reclamo, un aviso de la Parca.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mierda con el Loco Ojeda.&lt;br /&gt;-Hay y no hay... A vece vienen con auto y a vece con camione. ¿La tenés? Si eso no son muchacho del contrabando, pero del contrabando bien polenta, me corto; te juro que me corto...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ojeda transpiraba en el esfuerzo de venderles ese trabajo. Trataba de explicarse gesticulando, y no se daba cuenta de que los años pasados en la cárcel se le transparentaban en las manos. Esas manos que copiaban sus palabras y, a veces, hasta lo que pensaba pero no decía. Allí estaba toda su historia. Muchos años de tumba, muchos palos en la cabeza, muchos silencios forzados que el preso había roto hablando con las manos, como los mudos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Yo puedo... -tenía aliento de vino- Te juego lo que querás a que entro, salgo y te bato dónde está la mercadería. ¿Dale? ¿Somo socio?&lt;br /&gt;-Tranquilo Loco -dijo el Viejo, entrecerrando los ojos por el humo del cigarrillo- vos ya estás de vuelta. ¿Por qué no te conseguís algún laburo de sereno, o te ponés a vender diarios?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Te creé que soy un gil de mierda, yo?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al Loco se le atragantaba la furia. Pero, le gustara o no, tenía que comerse la ofensa. Lo habían admitido de lástima en la mesa del Viejo; y no podía desperdiciar lo que podía ser su última carta brava.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Viejo se le rió en la cara y le llenó el vaso de vino, “quedate tranquilo”, le dijo. El Moncho y Ernesto corearon la risa, pero a media máquina.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Les da un poco de vergüenza... -pensó Mojarra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Loco tenía ese olor a ropa de otro; ese eco de rejas y mugre que arrastran los quebrados. Los que están para perder.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Les da un poco de vergüenza...- pensó el Mojarra espiando a Ernesto y el Moncho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero no al Viejo. Al él no le daba vergüenza. El Viejo era un duro. El Viejo era un hijo de puta.&lt;br /&gt;Un rato antes de que llegara el Loco, cuando alguno dijo que la apuesta podía terminar mal. Que si esa casa quinta era parte de los asuntos de la policía lo iban a reventar, estuvo muy claro:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si lo revientan no se pierde nada. Los tarados, como dijo Lombroso, no sienten igual que nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Y si se descuida, hasta le estamos haciendo un favor -lo apoyó el Moncho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ernesto y Mojarra no habían estado de acuerdo, pero mantuvieron la boca cerrada con un levantar de los hombros. Al fin de cuentas, así era el juego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A Mojarra, por ser el más pibe, lo habían mandado a chequear el lugar, y todo parecía indicar que Ojeda podía tener razón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La casa de la que hablaba el Loco se escondía al fondo de una arboleda de eucaliptos, y una tupida barrera de ligustros mal cuidados terminaba de aislarla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un lugar así, en medio de las quintas de fin de semana, y con ocupantes que lo visitaban de tanto en tanto y siempre de noche, tenía que ocultar un buen negocio; o el peor de todos.&lt;br /&gt;En ese pueblo de la provincia de Buenos Aires sólo había gente rica, los pobres de siempre para atender los jardines, y mucha policía. Para guardar la tranquilidad de los ricos y, de paso, hacer sus negocios sucios. Esa era la peor de las posibilidades. Que no fuera gente de contrabando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Se puede oler la plata desde la Luna, Viejo, dale... Te apuesto a que entro. ¿Vamo? ¿Agarrá? Por do cajone de vino. Común el vino, pa que no digan que me aprovecho de lo amigo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Insistía el Loco, y el sudor de la desesperación le engrasaba la frente. Quizás tenía razón, y por una vez en su vida había olfateado un trabajo fácil y rendidor. O quizás no.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mojarra encendió un cigarrillo y convidó al Loco.El Moncho y Ernesto lo miraron de soslayo, desaprobadoramente, pero no les dio importancia; el que pesaba era el Viejo. Y el Viejo se limitaba a dejar que el Loco se cocinara en su propio jugo, pensando, seguramente, si valía la pena seguirle la corriente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mojarra pitó el cigarrillo y miró las virutas entremezcladas con el aserrín del piso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Viejo siempre decía que era mejor trabajar sin socios en la policía; que un buen ladrón no transaba. Pero Mojarra, aunque era el menor del grupo, había visto lo suficiente para dudar, y cerrar la boca. Si el Viejo sabía o no sabía quién era el dueño de la quinta que el Loco proponía robar, seguramente no lo iba a decir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Delen, muchacho, no sean cagone!- insistía el Loco Ojeda- Hacemo la apuesta. Si tengo razón, se ponen con do cajone de vino... y un traje con chaleco, que con esta pinta ando de sospechoso. Si el traje es usado no calienta, igual está bien.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Puede ser, todo puede ser... -dijo el Viejo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Grande, muchacho! El vino, el traje con chaleco... y mi parte en el trabajo, que no te lo voy a dar regalado; que no soy ningún gil.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Loco sentía crecer el interés, y hablaba y se retrucaba solo, buscando una mordida cada vez más grande.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Pobre tipo... -pensó Mojarra, mirándole las manos que repetían sus palabras- quiere ganar una vez, aunque sea de arrebato. Mierda de vida, esta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si no estás macaneando... -el Viejo hizo un silencio para visitar su vaso de whisky- si sale bien, en la próxima llevás mordida. Pero en esta tenés que pagar derecho de piso, olvidate de pedir parte.&lt;br /&gt;El Loco amagó una protesta, pero se vio cortado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Está claro? De otra manera no hay arreglo. Si el trabajo sale bien, yo te tiro unos pesos, y los muchachos, acá, también. Pero no me vengas a imponer condiciones ¿Está claro?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Loco Ojeda se quedó un momento observándolo con fijeza, y por un instante mostró una chispa del pesado que había sido alguna vez, antes de que la cárcel lo pudiera. Después se fue a baraja.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Está bien; pa que no anden por ahí diciendo que el Loco Ojeda se llama do peso. Pero la apuesta es la apuesta y no me bajo de la parada. Do cajone de vino y el traje con chaleco, o me agarra la mala leche y cháu y no entro a ver y se va todo al carajo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todos dijeron que sí, que estaba bien, que no se calentara; que la apuesta se respetaba.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Hecho, entonce, muchacho! A ver quien me tira un “güisqui”, que ya me mando pa la quinta.Ernesto llamó y metió la mano en el bolsillo sin chistar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Miralo al codito de fierro...- se dijo Mojarra.&lt;br /&gt;-Insisto con lo de la pilcha con chaleco, muchacho, porque lo necesito pa un “busines” que tengo en vista... -comentó el Loco Ojeda, que de golpe parecía haberse aflojado- Un trabajito de cheque y lapicera que, si se me da, me voy pa’rriba. ¡Acá hay mucho fósforo, muchacho! ¡Son año que lo vengo pensando!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El Loco se golpeaba la sien con un dedo roñoso. La otra mano, perdida en sueños de colores, monologaba sobre la mesa hablando de mujeres que nunca fueron y noches en blanco.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El gordo dueño del “infierno” se acercó a la mesa con la botella de whisky, nacional basculando entre los dedos como una descuidada cachiporra.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Para todos? Ah, no... Bueno, si es para el Loco va con yapa. ¡Morituri te saludan!- dijo el gordo, levantando la botella en alto como una espada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mojarra se estremeció con el recuerdo de una vieja película de la tele. Gladiadores. Al final los masacraban a todos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El whisky se mezcló en el vaso con un resto de vino, y subió hasta detenerse haciendo equilibrios en el borde.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¡Atentti a la mano, con éstos, Loco! -dijo el gordo, mirando a la mesa con una sonrisa ancha que no alcanzaba a los ojos; dos piedras azules incrustadas en la grasa- Son de los que pasan más tiempo entre rejas que en la casa.&lt;br /&gt;-No se pase, diga... -casi gritó el Moncho- No se zarpe que nadie le dio cabida. ¿Está claro? ¿O se lo tengo que repetir?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ernesto se abrió un poco, apartando la silla y Mojarra hizo lo mismo. Lo único que estaba claro era que el Moncho no sabía con quién estaba hablando. Porque el patrón del “infierno” no arrugó. No levantó la voz. Solamente estiró su cara en una sonrisa gorda como un culo acostado, y le tomó el peso a la botella balanceándola por el pico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Dios, te lo pido, que el Moncho no haya venido armado porque perdemos todos. ¡Dios, cortala, nada de tiros!- pensó Mojarra en un santiamén.Hasta que el Viejo intervino.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Tranquilo, gordo... -dijo. Era el único que podía llamarlo gordo- Tranquilo que es un buen pibe, y no te quiso faltar el respeto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hubo un momento largo en el que los dos se miraron como si compartieran algún secreto, y después el gordo aflojó la mano con una risita sucia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin saber cómo, Mojarra se descubrió apretando el pulgar contra la mesa, con el mismo asco con que había reventado las chinches repletas de su sangre en los camastros de la cárcel. Estaba seguro de que el gordo, que retornaba a su lugar tras el mostrador matando moscas con una servilleta, tendría el mismo olor apestoso, de almendra verde, si lo reventaba para sacarse el miedo del cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Conmigo que no joda... -dijo el Moncho; que no había entendido nada.&lt;br /&gt;El Viejo lo miró con esa atención que pone la gente cuando se entera de que el otro tiene cáncer, y le espía la cara para ver por donde llega el final; y dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No hay nada que hacer, algunos tienen suerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Seguro, se salvó cagando- dijo el Moncho.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y el Viejo largó una carcajada. Pocas veces lo hacía. Una carcajada corta, seca, que cerró la discusión, porque dijo:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Bien, pibe... seguí así, que no vas a juntar ni para un entierro de lástima.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-¿Y, voy o no voy? -interrumpió el Loco Ojeda, que estaba en otro mundo. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Si les gusta agarro la bicicleta y me mando. Junen pa fuera, son más de la doce y no hay luna. Está de puta madre... Miren que tengo un tranco largo hasta la quinta. Voy, meto el ojo, y mañana les paso el dato de lo que se puede afanar ¿Hecho?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Hecho... Andá nomás. A ustedes los veo por acá mañana.- dijo el Viejo, y arrancó para la puerta, acompañado por el Loco, que arrastraba las alpargatas y no paraba de hablar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-No me gustan la “mejicaneadas”. No es derecho... -comentó el Moncho, que no perdía oportunidad de criticar al jefe.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A mí tampoco... -aceptó Ernesto-. Pero menos me gusta estar sin un peso. Además, ¿no dicen que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón?&lt;br /&gt;Con un ronroneo suave, el ford del Viejo cruzó ante las ventanas del bar, y el Moncho lo apuntó con un dedo.-Ese siempre tiene plata, seguro que nos está cagando.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mojarra prefería esquivar ese terreno y se jugó el resto, dejando sobre la mesa sus últimos billetes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Yo pago. Total, más seco no puedo estar.-Hacés bien -dijo Ernesto- cuidar las moneditas trae mala suerte, te espanta la plata grande.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Eso dicen...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En pocos minutos la noche se los tragó con un cháu, nos vemos mañana, y cada uno tomó por su lado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-A guardarse que la calle está pesada. Faltan los misiles para que sea una guerra...- masculló Mojarra.- La quieren toda para ellos, son como langostas los vigilantes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y su miedo no era caprichoso. Porque minutos después, mientras esperaba el tren fumando al costado de la vía, los dos coches cargados de gorilas cruzaron el paso a nivel y se alejaron hacia la zona de quintas residenciales. Hasta el diariero miró hacia otro lado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Al día siguiente el Loco Ojeda no apareció por “el infierno”. Y todos se borraron, tomaron distancia, por las dudas no los hubiera entregado. Pero hay que vivir, y a la semana justa estaban otra vez en el bar.&lt;br /&gt;-Y se me hace que el Viejo se palpitaba algo...- cavila Mojarra, alejándose del pozo, saltando charcos de lluvia.- Se me hace que algo sabía, porque no se le movió un pelo cuando el gordo del bar contó que fue a la madrugada, como a las cuatro, y que la explosión no vino mal porque ese terreno baldío estaba lleno de ratas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Una rata menos a quién carajo le importa -dijo el gordo, mirando al Moncho- Lo único que me dio bronca fue que la bomba casi me voltea una estantería de vino bueno. Linda joda hubiera sido. Si me rompían las botellas, les pasaba la cuenta a ustedes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Dijo, y de pronto se echó a reír porque se le había ocurrido un chiste:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;-Es cosa de locos... -dijo- perder una apuesta, pero llevarse el pozo. Solamente a un loco le puede pasar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y se reía. Se reía hamacando la botella de whisky nacional, en esa mano que parecía una cachiporra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;(Este relato fue publicado en AQUEMARROPA, durante la Semana Negra de Gijón/2002, como finalista del concurso del Ateneo Obrero de Gijón. Conservo un diploma y ya me gasté los 100 euros del premio.)&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-298435265941795383?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/298435265941795383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/el-loco-se-gana-el-pozo-el-pozo-es-un.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/298435265941795383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/298435265941795383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/el-loco-se-gana-el-pozo-el-pozo-es-un.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2psWzgMRI/AAAAAAAAApA/R9XNdOFQngk/s72-c/llovido.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2354422153236058384.post-6521260347279570703</id><published>2009-08-20T12:07:00.000-07:00</published><updated>2009-08-20T13:01:27.241-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:180%;"&gt;&lt;strong&gt;Entre la puerta y la pared&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Rubashov, el ciudadano N.S. Rubashov, no vuelve la cabeza cuando la puerta se cierra a sus espaldas. Ignora el camastro con la frazada gris y camina sin apuro, siete pasos y medio, hasta esa pared con la ventana enrejada que muestra el cielo. Un cielo que ya mismo comienza a negar, porque es hora de trazar una línea y cerrar las cuentas: de esa celda, de ese edificio, saldrá con un tiro en la nuca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Respira hondo y enciende uno de los cigarrillos que le quedan. Por un instante se le cruza la idea de arrojarlos por la ventana, pero la rechaza. Esas heroicas intenciones siempre se presentan, a traición, en las primeras horas de cárcel; y después se hacen insoportables. Mientras dure el tabaco, fumará.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Gira sobre sus pasos y recupera, paulatinamente, esa manera de caminar la celda que tienen los presos de Berlín, Buenos Aires o Moscú. Pasos de autómata, giros que se repiten ante la puerta y la pared. Un andar que cansa el cuerpo y libera la mente para lo único que importa: el claro espacio que media entre el cero y el infinito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Rubashov sabe que es el último de aquellos primeros. Stalin liquidó a todos los que ofrecían dudas, y él sobrevivió a la mayoría. Todavía no quiere recordar a costa de qué renuncias, pero lo hará. De eso se va a ocupar Arthur Koestler, que se mira en él como en un espejo. Aunque todavía faltan páginas para eso.Cuando gira bajo la ventana alcanza a ver como se cierra la mirilla de vigilancia de la puerta. No los escuchó antes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Debo de estar perdiendo reflejos -piensa, y agrega con socarronería- Me estoy aburguesando...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;¿Este era el resultado inevitable? ¿La revolución devorando a sus hijos? ¿O podía hacerse de otra manera? Rubashov, curtido en la pelea contra los enemigos en las calles, y quemado en la lucha con los propios tras la barricada de los escritorios, sabe que no podrá desprenderse de esa duda. Que le buscará una respuesta cuando duerma, cuando camine esas baldosas, cuando su cuerpo se rompa bajo las manos de los torturadores; y que el punto final lo pondrá una escueta explosión de rabia en el corazón de una pistola. Una pregunta que nunca se hizo le detiene los pasos:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-¿Oiré el disparo, o sólo será como un golpe de oscuridad?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Se saca los lentes y limpia los cristales con el pañuelo, sin necesidad. Vuelve la cabeza en un gesto casual y la mirilla sigue cerrada. Camina hasta la puerta y apoya la oreja en la madera. Afuera, en el corredor, no hay nadie. Un llanto contenido, que quizás no sea un llanto, trata de no sobresalir en el silencio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Retoma la caminata y la reflexión mientras enciende un cigarrillo. Le du&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2icbSc4TI/AAAAAAAAAo4/pcCTEBvFVcI/s1600-h/carcel.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5372128539768054066" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 300px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2icbSc4TI/AAAAAAAAAo4/pcCTEBvFVcI/s400/carcel.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;elen los pies. Tendría que haber elegido un calzado más cómodo cuando fueron a detenerlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El chino lo observa, sentado en el borde del camastro. El otro, se recuesta bajo la ventana, en el rincón más alejado del cubo que los carceleros le destinaron a las deposiciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;INTERIOR. DÍA.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(Rubashov, con el cigarrillo en la boca, orina ruidosamente en el cubo. Habla sin girar la cabeza.)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;RUBASHOV: Sun Tzú y Nicolás Maquiavelo, supongo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;SUN TZÚ &lt;em&gt;(con un brillo de burla en los ojos)&lt;/em&gt;: Supone bien.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;RUBASHOV: Sólo falta Von Clausewitz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;MAQUIAVELO: ¿Para qué? Ese prusiano no podría encontrar su culo ni con un mapa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;SUN TZÚ &lt;em&gt;(a medias irónico):&lt;/em&gt; Ya... Para usted, la política es la continuación de la guerra por otros medios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;MAQUIAVELO: Y también el amor ¿qué duda cabe? &lt;em&gt;(ríe)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La puerta se cierra con violencia. Rubashov se tambalea hasta la cama y se deja caer sobre la frazada. Tiene un rictus de derrota en el rostro muy pálido. Se pasa la lengua por los labios resecos y hace una mueca. Se mete un dedo en la boca y observa la sangre con ojos miopes. Luego enciende un cigarrillo, y se da un tiempo antes de decir:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Estuve a punto de retractarme, de aceptar que soy un traidor, para que me dejen en paz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(e-mail de B.B. a Erasmo de Rotterdam) (A:dudas)&lt;/em&gt; Nuestro amigo va por mal camino. No se atreve a ser El Que Dijo No.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(e-mail de E.D.R. a Bertold Bretch) (A: Re/dudas)&lt;/em&gt; Se dejó atrapar por la Razón. Hay que recordarle que Sófocles hizo el mejor elogio de mi amiga, la Locura: “Cuanto menos sabiduría se tiene, más feliz se es.”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;... de aceptar que soy un traidor a la revolución, para que me dejen en paz- dice Rubashov, ahogando la rabia con el humo del tabaco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Sun Tzú, se despega de las sombras y murmura a modo de sentencia: Cuando estés seguro de que te darán muerte, conserva la cara. Es lo único que te llevarás de este mundo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;-Ya no se trata de vivir... –contesta Rubashov- se trata de saber, y para eso necesito tiempo. ¿Dónde está Nicolás?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;LECTOR 1- Cada vez entiendo menos. Esta nota es un caos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;LECTOR 2- De eso se trata. La revolución es un sueño eterno, y los sueños son el caos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;LECTOR 1- ¡Ah! Ya me parecía que... ¿te queda un cigarrillo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Rubashov camina por un corredor oscuro con las manos esposadas. Sabe que no llegará a ver el final. Antes, en un movimiento sin aviso, el guardia que lo sigue apretará el gatillo. A su lado, Maquiavelo no deja de hablar: El que funda una república y no mata a los hijos de Bruto, gobernará poco tiempo. ¿De los otros que importa? Los hombres perdonan más fácilmente la muerte del padre que una olla vacía. ¿Te queda claro?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Rubashov no tiene fuerzas para contestar, pero piensa: No. Allí estará siempre la maldita piedra, para que tropiecen los que recojan nuestras banderas. Aunque quizás...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;GOLPE DE OSCURIDAD. CORTE.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;ATARDECER PERPETUO. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;SÉPTIMO CÍRCULO. FUMAROLAS DE AZUFRE.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;em&gt;(El hombre de barba rala y boina se inclina, y enciende un cigarro en las ascuas en que se tuesta Teresa de Calcuta. Retoma su caminar. El hombre que lo acompaña se levanta la túnica, y sacude el pie para liberarse de un carboncillo que le quedó en la sandalia. Da una carrerita y lo alcanza.)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;ERNESTO: No, Dante... no me venga con cambios. El verdadero Infierno es saber que soy una cara en una camiseta. Como esos putos cocodrilos de Lacoste.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;DANTE &lt;em&gt;(insiste):&lt;/em&gt; Su caso se puede revisar, y yo puedo sacarlo de acá.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;ERNESTO &lt;em&gt;(lo apunta con el cigarro y sonríe):&lt;/em&gt; Ni se le ocurra. Con los asesinos uno sabe a qué atenerse, con los idiotas no hay manera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;(FUNDIDO A NEGRO, MUY LENTO.)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;"&gt;&lt;strong&gt;(Este texto fue publicado en “R de réel”, revista parisina que publicó cada número con relación a una letra del abecedario. A mí me tocó participar en el número “R”, de resístanse, ridicule, r.i.p. o Rubasho, con lo que aproveché para homenajear a “El cero y el infinito”, de Arthur Koestler.).&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2354422153236058384-6521260347279570703?l=libresdelibro.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://libresdelibro.blogspot.com/feeds/6521260347279570703/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/entre-la-puerta-y-la-pared.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/6521260347279570703'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2354422153236058384/posts/default/6521260347279570703'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://libresdelibro.blogspot.com/2009/08/entre-la-puerta-y-la-pared.html' title=''/><author><name>Errea</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08382990234152577585</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/SdXGQyZCgyI/AAAAAAAAAcI/0ecdfsDVyR4/S220/Gaucho.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_aqqw5zIBto8/So2icbSc4TI/AAAAAAAAAo4/pcCTEBvFVcI/s72-c/carcel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
